Inmoralidad, Divorcio y Amar a Nuestros Enemigos
Del deseo al amor, de la venganza a la misericordia
En los estudios anteriores, vimos las primeras dos secciones del Sermón del Monte. El Sermón comienza con las Bienaventuranzas, donde Jesús describe el carácter de quienes pertenecen al Reino de Dios: los pobres en espíritu, los mansos, los misericordiosos, los que buscan la justicia, los puros de corazón y los que sufren persecución.
Después, Jesús habla de la identidad de sus discípulos como sal y luz, mostrando que la vida transformada es visible y con impacto en el mundo. Luego Jesús aclara su relación con la Ley y los Profetas, enseñando que no vino a abolirlos sino a cumplirlos, y que la verdadera justicia no es externa como la de los fariseos, sino interna y profunda. Finalmente, Jesús aborda el tema de la ira y la reconciliación, mostrando que el mandamiento “no matarás” va más allá del acto físico y llega al corazón: insultos, desprecio y falta de reconciliación también destruyen.
En este estudio continuaremos leyendo el Sermón del Monte, examinando las enseñanzas sobre la inmoralidad sexual, el divorcio, los juramentos, las peleas, y amar a nuestros enemigos.
Así comienza la tercera sección del Sermón del Monte con la enseñanza de Jesús sobre la inmoralidad sexual.
La inmoralidad sexual
Mateo 5: 27-30: »Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio”. Pero ahora yo te digo que si alguno mira a una mujer con el deseo de tener relaciones sexuales con ella, en su mente ya ha cometido pecado con ella. Así que si tu ojo derecho te hace pecar, sácalo y tíralo. Es mejor que pierdas parte de tu cuerpo a que todo el cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala. Es mejor que pierdas parte de tu cuerpo a que todo el cuerpo sea echado al infierno.
Su mente ya ha cometido pecado con ella
Jesús no está condenando el hecho de sentir atracción o tener pensamientos sexuales, porque eso es parte de ser humano. Lo que Jesús está revelando es la raíz del deseo que convierte a la otra persona en objeto.
En el contexto original, Jesús está hablando a hombres que creían que mientras no cometieran el acto físico de adulterio, estaban “bien” ante Dios. Él rompe esa lógica y dice: no basta con no tocar; también importa cómo miras. La palabra griega usada para “mirar con deseo” implica mirar con intención de poseer, no simplemente notar belleza o sentir atracción. Es una mirada que reduce al otro a una función para el propio placer.
Jesús está señalando que el pecado comienza cuando alimentamos el deseo egoísta, invasivo o deshonesto. La diferencia está entre sentir algo (natural y humano), y cultivar ese deseo (una decisión espiritual). Jesús está pidiendo que aprendamos a ver con pureza y la conexión sana.
Es mejor que pierdas parte de tu cuerpo a que todo el cuerpo sea echado al infierno
Jesús no está pidiendo que una persona se arranque un ojo o se corte una mano en el sentido literal. Él está usando una hipérbole muy común en la enseñanza judía del siglo I, una exageración intencional para mostrar la seriedad del pecado y la urgencia de tratar con aquello que destruye. El “ojo” representa lo que elegimos mirar y la “mano” representa lo que elegimos hacer; no son órganos físicos, sino símbolos de decisiones internas. Jesús está diciendo que, si hay algo en nuestra vida que repetidamente nos lleva al pecado, debemos cortarlo de raíz antes de que termine destruyéndonos. No es un llamado a la mutilación, sino a la disciplina espiritual.
Tampoco está diciendo que cualquier pensamiento sexual involuntario condena a una persona al infierno. La atracción humana es parte de cómo fuimos creados; no es pecado sentirla. Lo que Jesús confronta es el deseo cultivado, la mirada que convierte a otra persona en objeto, la fantasía que se alimenta. Él distingue entre la tentación, que es humana, y el pecado, que es cuando abrazamos y alimentamos esa tentación. Su enseñanza no es una amenaza, sino una advertencia amorosa: lo que no se enfrenta a tiempo puede crecer hasta alejarnos de Dios y de quienes amamos. Jesús usa imágenes fuertes porque quiere que entendamos que el pecado sexual no comienza en el acto físico, sino mucho antes, en la intención interna. Su meta no es castigo, sino transformación.
Así continúa el Sermón del Monte con su enseñanza sobre el divorcio.
El divorcio
Mateo 5:31-32: »También se dijo antes: “Cualquiera que se divorcie de su esposa, debe darle un certificado de divorcio”. Pero ahora yo digo que el hombre que se divorcie de su esposa, a no ser en caso de pecado sexual, hace que ella cometa adulterio. El hombre que se case con una mujer divorciada también está cometiendo adulterio.
Hace que ella cometa adulterio
Cuando Jesús dice que un hombre que se divorcia de su esposa “la hace cometer adulterio”, no está diciendo que ella es moralmente culpable. En el siglo I, una mujer no podía iniciar un divorcio; solo el hombre tenía ese poder. Si él se divorció de ella sin una causa válida (el pecado sexual o el abandono), la dejaba en una situación extremadamente vulnerable. Sin protección económica, sin derechos legales y sin la posibilidad de sostenerse por sí misma, la mayoría de las mujeres tenían que volver a casarse para sobrevivir.
Jesús está señalando que, al expulsarla injustamente, el hombre la empuja a una situación donde un nuevo matrimonio se vuelve casi inevitable, y por eso él carga con la responsabilidad moral de lo que ocurra después. La frase “hace que ella cometa adulterio” es una denuncia contra el hombre que la abandona, no una condena contra ella.
Cuando Jesús dice que quien se casa con una mujer divorciada comete adulterio, tampoco está atacando a la mujer. Está confrontando a los hombres que participaban en un sistema injusto donde el divorcio se usaba para desechar a una esposa por razones triviales. Algunos rabinos permitían divorcios por motivos tan superficiales como arruinar una comida o perder el atractivo físico. Jesús está diciendo que nadie debe legitimar ese tipo de injusticia casándose con una mujer que fue descartada sin una causa legítima. Su intención es protegerla, no estigmatizarla.
Esto no significa que una mujer divorciada deba permanecer sola para siempre. El Nuevo Testamento muestra que hay situaciones donde el nuevo matrimonio es permitido, especialmente cuando la persona fue abandonada o cuando hubo inmoralidad sexual. Pablo reconoce que la persona abandonada o engañada no está esclavizada a ese vínculo; la pareja injustamente despedida no era culpable y podía volver a casarse. La idea de que una mujer divorciada debe vivir en soledad permanente no proviene de Jesús, sino de interpretaciones posteriores influenciadas por culturas patriarcales.
En realidad, Jesús está elevando la dignidad de la mujer en una sociedad donde ella no tenía voz. Está diciendo que el matrimonio no es desechable, que la mujer no es un objeto que se cambia por otro, y que el hombre que la abandona injustamente es responsable del daño que causa. Su enseñanza no es una carga para la mujer, sino una defensa de su valor y una corrección a la dureza del corazón masculino de su época.
Así continúa el Sermón con los juramentos.
Los juramentos
Mateo 5:33-37: »Ustedes también han oído que se les dijo a los antepasados: “No dejes de cumplir ningún juramento, sino cumple tus juramentos a Dios”. Pero ahora yo les digo que es mejor no jurar por nada. No juren por el cielo, porque es el trono de Dios. No juren tampoco por la tierra, porque es de Dios. No juren por Jerusalén, porque también le pertenece a él, el gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque ni siquiera puedes hacer que un cabello sea negro o blanco. Si quieres decir “sí”, solamente di “sí”, y si quieres decir “no”, solamente di “no”. Todo lo que se diga de más, viene del Maligno.
Sí y no
Jesús está enseñando que nuestras palabras deben ser tan honestas y transparentes que no necesiten adornos, juramentos ni explicaciones manipuladas para parecer confiables. En su tiempo, la gente usaba juramentos para dar peso a lo que decía, pero muchas veces eran trucos para evitar responsabilidad o para decir algo sin comprometerse. Jesús corta esa práctica de raíz y dice que un “sí” debe significar sí y un “no” debe significar no, porque todo intento de manipular, exagerar, suavizar o disfrazar la verdad es un engaño. Su llamado es a una integridad tan profunda que nuestras palabras reflejen exactamente lo que hay en la mente, sin dobles intenciones ni juegos de lenguaje.
Esto no significa que un cristiano no pueda jurar en un tribunal. Jesús no está hablando de procedimientos legales. En un tribunal, el propósito del juramento es afirmar la verdad, no manipularla.
El Maligno
Cuando Jesús dice que “lo que se diga de más viene del Maligno”, está usando “el Maligno” como referencia a Satanás, pero no en el sentido de que cada palabra extra sea satánica, sino en el sentido de que toda forma de engaño, manipulación o distorsión de la verdad pertenece a la lógica del enemigo, no a la de Dios.
Satanás es descrito como “el padre de la mentira”, así que Jesús está diciendo que cuando usamos palabras para manipular, impresionar, o esconder nuestras intenciones, estamos actuando según la lógica del engaño, no según la transparencia del Reino de Dios. Su punto no es que hablar de más sea pecado, sino que la falta de integridad en el lenguaje abre la puerta a la influencia del enemigo, porque la mentira es su territorio.
Así continúa el Sermón con su enseñanza sobre las peleas.
Las peleas
Mateo 5:38-42: »Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero ahora yo les digo: no te pongas en contra de una persona mala. Mejor, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, deja que te pegue también en la otra. Si alguien trata de ponerte una demanda para quedarse con tu camisa, entrégale también tu capa. Si alguien te obliga a caminar un kilómetro con él, camina dos. Al que te pida algo, dáselo; y al que te pida algo prestado, préstaselo.
No te pongas en contra de una persona mala
Jesús no está diciendo que permitamos abuso, ni que dejemos que alguien nos golpee para “humillarlo”, ni que una persona violenta vaya a entender la intención espiritual del gesto. Esta enseñanza no es sobre permitir violencia física; es sobre romper el ciclo de venganza sin convertirnos en víctimas pasivas.
Cuando Jesús dice “si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha…”, no está describiendo un ataque violento como el que ocurre en abuso doméstico o agresión física seria. En el mundo judío del siglo I, una bofetada en la mejilla derecha solo podía hacerse con el revés de la mano, y eso no era un golpe para lastimar, sino un gesto de insulto, humillación y desprecio social. Era la forma más ofensiva de decir: “Tú no vales nada”.
Jesús está hablando de cómo responder a la humillación, no a la violencia física peligrosa. Su punto es: no respondas al insulto con otro insulto, no entres en el juego del agresor, no permitas que la maldad te convierta en su reflejo. “Poner la otra mejilla” no significa dejarse golpear; significa negarse a responder con la misma lógica de agresión, venganza o escalamiento. Es un acto de dignidad, no de pasividad.
Jesús no está diciendo que permitas abuso, golpes, maltrato o violencia. En ningún lugar de la Biblia se pide a una persona que se quede en una situación donde su seguridad está en riesgo. Lo que Jesús está enseñando es que la respuesta del discípulo no debe ser devolver el mal con mal, sino romper la cadena de retaliación.
Una persona verdaderamente mala no va a entender la intención espiritual del gesto, y Jesús lo sabe. Su enseñanza no es una estrategia para cambiar al agresor, sino una manera de protegerse para que la maldad del otro no te transforme en alguien igual.
Así continúa la última sección de este parte del Sermón del Monte.
Amar a sus enemigos
Mateo 5:43-48: »Ustedes también han oído que se dijo: “Ama a tus semejantes pero odia a tus enemigos”. Pero yo les digo que amen a sus enemigos y pidan en sus oraciones por los que los persiguen. De esta forma, ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que el sol salga tanto para los malos como para los buenos y que la lluvia caiga tanto para los justos como para los injustos. Si ustedes solamente aman a los que los aman, ¿creen que merecen alguna recompensa por eso? Incluso los cobradores de impuestos aman a sus amigos. Y si ustedes sólo son buena gente con sus amigos, ¿creen que están haciendo algo fuera de lo común? Hasta los que no conocen a Dios son así. Por eso, sean ustedes perfectos así como su Padre que está en el cielo es perfecto.
Orar por los enemigos
Orar por los enemigos es radical. ¿Debemos pedirle a Dios que nuestros enemigos beneficien de su mal comportamiento? La enseñanza sobre “orar por los enemigos” muestra que Jesús no especifica una sola forma de oración, sino que invita a una intercesión amplia, que incluye pedir por su bienestar espiritual, su transformación y su arrepentimiento.
Orar por los enemigos significa pedir que Dios actúe en sus vidas, que toque sus corazones y que intervenga con gracia y misericordia. Orar por los enemigos es pedir que Dios cambie su mente, actúe con misericordia y cumpla Sus propósitos— no necesariamente los propósitos del enemigo. Esto implica que pedir por su transformación es parte del sentido original del mandamiento. Orar por los enemigos incluye pedir que cambien, que Dios los transforme, que su corazón sea tocado, y que abandonen el mal.
Cuando Jesús dice que Dios hace salir el sol sobre malos y buenos y envía lluvia sobre justos e injustos, está describiendo la bondad universal de Dios, una generosidad que sostiene la vida de todas las personas sin distinción. Pero eso no significa que Dios ame a todos de la misma manera.
La Biblia distingue entre la gracia común, que es la paciencia, provisión y bondad que Dios da a toda la humanidad, y el amor de pacto, que es la relación íntima, salvadora y transformadora que Dios tiene con sus hijos. El sol y la lluvia muestran que Dios es bueno incluso con quienes lo rechazan, pero no indican que todos tengan la misma relación con Él. Dios ama a todos en el sentido de que desea su vida, su arrepentimiento y su bien, pero reserva un amor más profundo, cercano y protector para quienes lo reciben como Padre.
Sean ustedes perfectos así como su Padre
Cuando Jesús les instruyó a ser perfectos así como su Padre, no está hablando de perfección moral sin pecado, ni está pidiendo que vivamos en legalismo. Cuando Jesús dice “sean perfectos”, está usando la palabra griega teleios, que no significa “sin fallas”, sino completo, maduro, íntegro, plenamente desarrollado en amor. Jesús no está diciendo “nunca pequen”, sino “amen como Dios ama”.
El contexto lo demuestra: justo antes habla de amar a enemigos, hacer el bien a quienes nos odian y actuar con una generosidad que no depende del mérito del otro. La perfección que Jesús pide no es moralismo, sino amor maduro.
Jesús no está diciendo: “Sean impecables”. Está diciendo: “Sean hijos que se parecen a su Padre”. La perfección que Jesús describe es una vida donde el amor no depende de cómo nos traten, donde no respondemos con odio al odio, donde no devolvemos mal por mal. Es una perfección de carácter, no de conducta impecable.
Tampoco es legalismo; Jesús no está diciendo “cumplan todas las reglas sin fallar”. El legalismo se enfoca en el comportamiento externo; Jesús está hablando del corazón transformado. El legalismo dice: “Haz más, esfuérzate más, cumple más”. Jesús dice: “Permite que el amor de Dios te haga completo”. La perfección que Él pide no es algo que logramos por disciplina, sino algo que crece en nosotros cuando vivimos en una relación cercana de Él.
Aplicación
1. Cuando Jesús lleva el mandamiento del adulterio al nivel del corazón, ¿qué pensamientos, intenciones o miradas dentro de ti necesitan ser purificadas para amar con dignidad y no desde el deseo que usa o deshumaniza?
2. Jesús enseña a responder al mal sin venganza y a amar incluso a quienes nos hieren. ¿Qué relación, herida o persona difícil revela en ti la necesidad de crecer en paciencia, misericordia o dominio propio?
3. Dios hace salir el sol sobre buenos y malos, y Jesús llama a imitar ese amor maduro. ¿En qué área de tu vida necesitas dejar de amar solo a quienes te aman y comenzar a amar con la generosidad y estabilidad del Padre?

