Sansón: fuerza sin obediencia

Dios obra incluso en la desobediencia

En el estudio anterior, conocimos a Sansón, el juez más famoso de Israel. Su nacimiento fue anunciado por el ángel del Señor, quien les comunicó a sus padres que su hijo sería especial. Por eso, debía vivir bajo un voto nazareo: no tomar alcohol, no tocar cadáveres y no cortarse el cabello. Desde antes de nacer, Sansón fue consagrado a Dios.

Al crecer, Sansón demostró que era especial… pero en el sentido de su rebelión. Tenía una fuerza sobrenatural, pero en vez de entregarse totalmente a Dios, vivía según sus impulsos. En lugar de casarse con una israelita piadosa, eligió a una filistea desconocida. En vez de proteger a su pueblo con sabiduría, provocaba conflictos por capricho.

Y aun así, Dios lo usó. A pesar de su desobediencia, Dios comenzó a cumplir Su propósito con los filisteos a través de Sansón. Este nuevo estudio nos mostrará cómo Dios puede obrarincluso en medio de la debilidad humana, y cómo la historia de Sansón revela tanto el poder de Dios como la fragilidad del corazón humano.

Después de un tiempo, el enojo de Sansón disminuyó y fue a visitar a la mujer que él todavía consideraba su esposa, llevándole un cabrito como regalo. Este detalle nos da otro vistazo a su actitud: aunque sabía que ella no era confiable y que lo había engañado, quería acostarse con ella. Su deseo era más fuerte que su discernimiento. Pero cuando llegó a la casa de sus padres, el padre de la joven le informó que ya no era su esposa. Había asumido que Sansón la había abandonado para siempre y, para evitar la vergüenza de tener una hija rechazada, se la había dado a uno de los amigos de Sansón. Así comienza la historia con el intercambio entre Sansón y su exsuegro, un diálogo que revela la confusión, la falta de comunicación y la tensión creciente entre Israel y los filisteos.

La hermana menor es más hermosa que ella

Jueces 15:1-3: Después de un tiempo, en la época de la cosecha de trigo, Sansón fue a visitar a su esposa y llevó un cabrito de regalo. Sansón dijo:

—Quiero entrar en la habitación de mi esposa.

Pero el papá de la mujer no lo dejó entrar, sino que le dijo:

—Pensé que la odiabas, por eso dejé que se casara con uno de tus amigos. La hermana menor es más hermosa que ella, cásate con la hermana menor en lugar de la mayor.

Sansón dijo:

—Ahora tengo una buena razón para hacerles daño a ustedes los filisteos, ahora nadie puede acusarme.

Tengo una buena razón para hacerles daño

No sabemos cuánto tiempo pasó desde que Sansón fue a visitar a la filistea. Parece que no había tenido ningún contacto con su familia política. Surge la pregunta: ¿quién habría sido el hombre con quien ella se casó, este supuesto “amigo” de Sansón? Es posible que el padre usara el término de manera ligera o incluso sarcástica. No hay razón para pensar que fuera un amigo verdadero; más bien podría haber sido uno de los treinta hombres que lo engañaron durante la fiesta. ¿Qué amigo aceptaría casarse con la esposa de otro hombre, y menos aún con la esposa de un israelita temido? Además, la mayoría de los israelitas jamás se casarían con una filistea, lo que hace aún más sospechosa la situación.

También debemos considerar el carácter del exsuegro. Le ofreció a Sansón casarse con la hija menor, como si sus hijas fueran piezas intercambiables. Tal vez actuaba como un hombre sin escrúpulos, sin importar el bienestar de sus hijas. O quizá temía tanto a Sansón que habló sin pensar, tratando desesperadamente de evitar un conflicto. Aun así, es sorprendente que lo recibiera en su casa después de todo el caos que Sansón había causado. El texto ni siquiera menciona que le ofreciera comida o descanso; solo se apresura a explicar que la hija mayor ya no estaba disponible.

Otra vez, Sansón se enfureció. Su orgullo herido, su sentido de posesión y su carácter impulsivo lo llevaron a reaccionar con violencia. Así continúa la historia con lo que Sansón les hizo.

Quemaron todas las plantas de los campos y todos los granos

Jueces 15:4-5:  Sansón salió y atrapó 300 zorros. Los amarró por el rabo de dos en dos y puso una antorcha en medio de cada nudo. Sansón les prendió fuego a las antorchas y luego dejó que los zorros salieran corriendo por los cultivos de los filisteos. Así que se quemaron todas las plantas de los campos y todos los granos que habían cosechado. También se quemaron los viñedos y las matas de olivos.

¿Quién hizo esto?

Si no tuviera la fortaleza que le dio el Espíritu de Dios, esta historia parecería un cuento de hadas. Los zorros son animales feroces y no se dejarían amarrar por la cola sin pelear. Sin embargo, Sansón logró capturar cientos de ellos, atarlos por parejas y prenderles fuego para destruir los campos de los filisteos. Cuando los filisteos vieron sus cosechas, viñedos y olivares completamente arrasados, quedaron atónitos. Les costaría muchísimo volver a plantar y esperar nuevas cosechas; era una pérdida devastadora para toda la región. Al enterarse de quién lo había hecho —la elección obvia, porque nadie más sería capaz de semejante acto— decidieron vengarse. Cumplieron la amenaza que antes habían hecho a la esposa de Sansón: quemaron su casa con toda su familia adentro.

Cuando Sansón supo lo que habían hecho los filisteos, se enojó aún más y juró vengarse por su exmujer. Atacó a muchos filisteos y luego se retiró a vivir en una cueva, lejos de todos. Los filisteos, por su parte, reunieron un ejército y acamparon en Judá, preparándose para la guerra. Sin embargo, su conflicto no era con el pueblo de Judá; su único objetivo era capturar a Sansón y hacerlo sufrir por todo el daño que les había causado.

Los hombres de Judá no querían una guerra. No estaban preparados para luchar, y aunque Sansón los había protegido en ocasiones, también les había traído muchos problemas y no vivía conforme a la ley de Moisés. Temiendo por sus vidas y por la destrucción que una guerra traería, decidieron entregarlo a los filisteos con la esperanza de evitar un derramamiento de sangre. Así continúa la historia con el intercambio entre los hombres de Judá y Sansón.

Prométanme que ustedes no me harán daño

Jueces 15:12-13: Ellos dijeron:

—Hemos venido para amarrarte y entregarte a los filisteos.

Sansón dijo:

—Prométanme que ustedes no me harán daño.

Los hombres de Judá dijeron:

—Nosotros sólo te vamos a amarrar y te entregaremos a los filisteos. No te vamos a matar.

Entonces los hombres amarraron a Sansón con dos cuerdas nuevas y lo sacaron de la cueva.

Con la quijada de un burro, maté a los mil hombres

Otra vez vemos la actitud de Sansón: les hizo prometer que no le harían daño, probablemente mientras resistía la risa. Claro que no iban a hacerlo daño; no podrían, aun si lo intentaran. Fue otra trampa de Sansón, y los hombres de Judá cayeron rotundamente. Los israelitas lo entregaron a los filisteos, quienes estaban muy felices, convencidos de que iban a hacerlo sufrir mucho antes de matarlo. Pero otra vez, el Espíritu del Señor vino sobre Sansón. Rompió las ataduras como si fueran hilos y tomó el hueso de la quijada de un burro, con el cual mató a más de mil filisteos.

Fue una humillación total para los enemigos: hombres armados con espadas y escudos, derrotados por un arma improvisada. Hasta en su elección de arma, Sansón desafía a Dios, rompiendo el voto nazareo al acercarse al cadáver de un animal. Su fuerza era divina, pero su corazón seguía siendo impulsivo y desobediente.

Después de recibir tanto poder del Espíritu Santo, Sansón creyó que Dios lo iba a dejar morir de sed. En vez de agradecer, se quejó. Así continúa la historia con la súplica de Sansón, la primera vez que lo vemos hablando directamente con Dios.

No me dejes morir de sed

Jueces 15:18-19: Sansón tenía mucha sed y le dijo al SEÑOR:

«Soy tu siervo, tú me has hecho ganar esta gran victoria. Te ruego que no me dejes morir de sed ahora, no dejes que me atrapen hombres que no han sido circuncidados».

Había un hoyo en Lehí y Dios hizo que del hoyo brotara agua. Sansón bebió y recuperó su fuerza...

Sansón en Gaza

Sansón fue a Gaza, una de las ciudades más importantes de los filisteos, y allí vio a una prostituta y se acostó con ella. Este detalle revela nuevamente su patrón: un hombre consagrado desde el vientre, pero guiado por sus deseos. No estaba en Gaza para liberar a su pueblo; estaba allí por placer. Aun así, los filisteos no perdieron la oportunidad. Cuando se enteraron de que Sansón estaba en la ciudad, planearon matarlo. Lo esperaron toda la noche en la puerta de la ciudad, convencidos de que al amanecer lo capturarían y finalmente pondrían fin a su vida.

Pero Sansón era más astuto que ellos. Así continúa con cómo Sanson venció a los filisteos en medio de su pecado.

Jueces 16:2-3: La gente de Gaza se enteró de que Sansón estaba en la ciudad. Todos querían matar a Sansón y por eso lo rodearon, y vigilaron las puertas de la ciudad y se mantuvieron en silencio toda la noche. Decían: «Al amanecer vamos a matar a Sansón».

Sansón se quedó con la prostituta sólo hasta la medianoche. A esa hora Sansón salió y arrancó las puertas, la tranca y los pilares que estaban en la entrada de la ciudad. Luego se echó todo al hombro y lo cargó hasta la cima de la colina que está cerca de Hebrón.

A cada uno de Sus hijos, Dios nos ha dado algún talento especial. Es nuestra responsabilidad descubrir y cultivar el don que Él nos confió. Al reflexionar sobre la vida de Sansón, quizás surge la pregunta: ¿por qué Dios no lo castigó? Con los Suyos, Dios no aplica castigo en esta vida; ese juicio vendrá al final, cuando Jesús regrese y juzgue a toda la humanidad. En lugar de castigar, Dios disciplina. La disciplina puede sentirse como castigo, pero no lo es. Su propósito es corregir, formar y llamar al arrepentimiento.

Sansón decidió no escuchar la disciplina de Dios. Ignoró las advertencias, despreció su llamado y vivió según sus impulsos. Y aunque Dios lo siguió usando para cumplir Su propósito contra los filisteos, Sansón sufrió profundamente las consecuencias de su desobediencia. Su historia es un recordatorio de que los dones de Dios no sustituyen la obediencia, y que la fuerza sin carácter termina destruyendo al que la posee.

Veremos a Sansón de nuevo en el próximo estudio, donde conoceremos a Dalila y observaremos cómo su vida continúa descendiendo por el camino que él mismo eligió.

Aplicación

1. Los hombres de Judá prefirieron entregar a Sansón antes que enfrentar a los filisteos. ¿En qué situaciones tú también has preferido la comodidad o la paz superficial en lugar de obedecer a Dios con valentía?

2. Sansón actuó con una mezcla de fuerza divina y carácter inmaduro. ¿Hay áreas en tu vida donde Dios te ha dado dones o influencia, pero tu carácter necesita alinearse más con Su voluntad para usarlos correctamente?

3. Dios fortaleció a Sansón aun cuando él no estaba viviendo en obediencia. ¿Cómo te invita esto a reflexionar sobre la gracia de Dios en tu propia vida, y qué pasos concretos puedes tomar para responder a esa gracia con mayor fidelidad?

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