El final del Sermón del Monte

‍ ‍Pedir, Buscar y Llamar

En el estudio anterior, Jesús enseña que nuestras prioridades revelan nuestro interior y que la verdadera riqueza está en nuestra relación con Dios, no en lo que se acumula en la tierra. Nos invita a vivir libres de ansiedad confiando en el Padre, y a relacionarnos con los demás con discernimiento, evitando tanto el juicio destructivo como la ingenuidad espiritual.

En este estudio, al acercarse al cierre del Sermón del Monte, Jesús reúne todo lo que ha enseñado y lo lleva al terreno de la decisión personal. Invita a pedir, buscar y llamar con confianza, pero también confronta al oyente con la realidad de dos caminos, dos voces y dos tipos de discípulos: los que lo siguen de verdad y los que solo lo nombran. Es un llamado a una fe que se expresa en obediencia, a un discernimiento que reconoce lo verdadero, y a una vida que refleja el Reino desde adentro hacia afuera. ‍

Así comienza el final del Sermón del Monte con la importancia de pedir, buscar y llamar.

No se cansen de pedir ‍ ‍

Mateo 7:7-12: »No se cansen de pedir, y Dios les dará; sigan buscando, y encontrarán; llamen a la puerta una y otra vez, y se les abrirá.Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abrirá.

»¿Le daría alguno de ustedes una piedra a su hijo si le pide pan?¿O le daría una serpiente si le pide un pescado?Pues si ustedes, aun siendo malos, saben cómo darles cosas buenas a sus hijos, imagínense cuánto más dispuesto estará su Padre celestial a darles lo que le pidan.‍ ‍

»Así que, traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes. Ese es el verdadero significado de la ley y de la enseñanza de los profetas. ‍

Todo el que pide, recibe

Cuando Jesús dice “pidan y se les dará”, no está prometiendo que toda petición será respondida exactamente como la imaginamos, sino que el Padre siempre responde, aunque su respuesta no siempre sea “sí” o “ahora”.

‍Cuando alguien ha pedido por años —por una sanación, por ejemplo— y no ha visto el resultado, eso no significa que Dios esté en silencio o que haya rechazado la oración. A veces, el “no” o el “todavía no” es una respuesta que guarda un propósito más grande: puede ser una forma de sostener la fe, de formar paciencia, o de revelar que la verdadera sanación que Dios está obrando es interior, no física. ‍

Jesús no está enseñando insistencia mecánica, sino perseverancia confiada. Pedir sin cansarse no significa repetir sin esperanza, sino seguir acercándose al Padre con la certeza de que Él escucha, incluso cuando no concede. El “no” de Dios nunca es indiferencia; es dirección. A veces, su respuesta es: “No eso, pero sí algo mejor.” O: “No ahora, porque aún estoy preparando tu corazón para recibirlo.” ‍

El “no” puede ser una respuesta, pero no es un rechazo. Es una forma de decir: “Confía en mí, aunque no entiendas.” Pedir sin cansarse no es exigir resultados, sino permanecer en relación con Él. La promesa de Jesús no es que todo deseo será cumplido, sino que, para Sus hijos, ninguna oración sincera será ignorada.

¿Y para los que sus padres sí les darían piedras y serpientes?

Jesús no está diciendo que todos los padres humanos son buenos; Él sabe que existen padres negligentes, abusivos y crueles. Su enseñanza usa una comparación sencilla: incluso un padre humano común, con fallas y pecado, entiende que no se le da a un hijo algo dañino cuando pide alimento.

‍Jesús reconoce la maldad humana cuando dice que “ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas”, mostrando que la paternidad humana es limitada e inconsistente. Su punto es que, si aun así un padre imperfecto puede responder con algo bueno, cuánto más el Padre celestial, quien es verdaderamente bueno, dará lo que es beneficial a quienes se lo piden.

Para quienes han recibido “piedras y serpientes” de sus propios padres, este pasaje no minimiza su dolor; más bien, afirma que Dios no opera como ellos. Jesús no compara a Dios con tu padre, sino que lo coloca infinitamente por encima de cualquier padre humano, incluso de los mejores. Su enseñanza asegura que pedirle a Dios nunca es arriesgarse a recibir daño, porque Él no engaña, no hiere y no responde con crueldad, sino con lo que es verdaderamente bueno.

Traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes

La Regla de Oro no significa “haz lo que tú deseas recibir” en sentido literal, sino “trata a los demás con el bien que tú sabes que es bueno, justo y misericordioso”.

Si una persona desea que la ignoren, por ejemplo, eso no significa que ignorar a los demás sea lo correcto. La Regla de Oro no se basa en preferencias personales, sino en el bien objetivo que Dios quiere que practiquemos.

La Regla de Oro no se interpreta desde mis deseos, sino desde el carácter de Dios. Jesús no está diciendo: “Si tú quieres que te ignoren, entonces ignora.”Está diciendo: “Trata a los demás con la bondad, justicia y misericordia con la que tú deseas ser tratado en tu mejor versión, en tu necesidad más profunda, no en tu estado emocional del momento.” ‍

Ignorar a los demás rara vez es un acto de amor; normalmente es una forma de evitar, castigar, protegerse o desconectarse. Y Jesús nunca enseña a relacionarnos desde la indiferencia. Además, muchas veces el deseo de “ser ignorado” nace del cansancio, del dolor, de la ansiedad o de experiencias negativas con otros. Pero eso no define lo que es bueno.

La Regla de Oro apunta a algo más alto: haz por los demás lo que es bueno, lo que edifica, lo que refleja la justicia y la misericordia de Dios… aun cuando no se sienta como hacerlo.

Así continua el sermón con los dos caminos, dos voces y dos tipos de discípulos.

Los dos caminos

Mateo 7:13-14:  »Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la destrucción. Mucha gente toma ese camino.En cambio, la puerta que lleva a la verdadera vida es muy angosta, el camino muy duro y sólo unos pocos lo encuentran.

Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la destrucción

Jesús enseña que la mayoría de las personas no escogen el camino que lleva a la vida, y por eso habla de una puerta ancha y un camino espacioso donde muchos entran, en contraste con la puerta estrecha y el camino angosto donde pocos lo encuentran. Pero cuando Jesús usa la palabra “destrucción”, no está hablando de aniquilación ni del infierno, sino de perder la comunión y cercanía con Dios, la vida verdadera y el propósito eterno.

Su intención no es pintar un panorama fatalista, sino despertar al oyente. El camino ancho es fácil porque no exige arrepentimiento, obediencia ni rendición, y por eso tantos lo siguen. El camino estrecho es difícil porque confronta el pecado y requiere humildad. Está diciendo que la mayoría sigue lo que es cómodo. El mensaje central no es desesperación, sino invitación: la puerta estrecha está abierta. Jesús habla así para llamar, no para condenar. ‍

Cuando Jesús habla del camino ancho que lleva a la destrucción, está describiendo el resultado final de una vida vivida lejos de Dios, sin arrepentimiento y sin fe. Es un estado de ruina espiritual, una vida que se desmorona por dentro, una existencia sin la vida del Reino. Jesús está contrastando dos maneras de vivir: una que lleva a la vida y otra que lleva a la ruina. ‍

Más adelante en el evangelio, Jesús habla del juicio final y del infierno, pero aquí Él está enfocado en la realidad presente, no en describir el infierno. El camino ancho lleva a la destrucción porque es el camino de la autosuficiencia, del pecado, de la indiferencia hacia Dios; ese camino termina alejando a la persona de la vida eterna. Está diciendo que ese camino termina en pérdida, ruina y separación de la vida que Dios ofrece.

Así continúa el final del Sermón del Monte. ‍

No se dejen engañar

Mateo 7:15-23 »Tengan cuidado con los falsos profetas, pues ellos están disfrazados de mansas ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Ustedes los reconocerán por la clase de fruto que den. El bien no viene de la gente mala, así como las uvas no se recogen de los espinos, ni los higos se recogen de los cardos.De la misma manera, todo árbol bueno da fruto bueno, pero un árbol malo da fruto malo. Un buen árbol no puede dar fruto malo ni tampoco un árbol malo puede dar fruto bueno. Todo árbol que no dé fruto bueno, será cortado y echado al fuego. Por eso digo que reconocerán a los falsos profetas por la clase de fruto que den. ‍

»No todo el que afirma que yo soy su Señor entrará en el reino de Dios. Sólo entrará el que obedezca a mi Padre que está en el cielo.  Vendrá el día en que muchos me van a decir: “Tú eres nuestro Señor, nosotros profetizamos en tu nombre, y por ti echamos fuera demonios. Además hicimos muchos milagros en tu nombre”. Entonces les diré claramente: “Nunca los conocí, apártense de mí, porque ustedes se dedicaron a hacer el mal”.

Los falsos profetas están disfrazados de mansas ovejas

Jesús no está hablando específicamente de los fariseos o escribas, aunque algunos de ellos podían caer en la categoría de “falsos profetas”. En el contexto del siglo I, un falso profeta era cualquier persona que afirmaba hablar en nombre de Dios, pero cuyo mensaje no provenía de Él. Podía ser un líder religioso, un maestro popular, un predicador ambulante, un revolucionario espiritual, o incluso alguien que realizaba señales pero enseñaba error. Jesús está advirtiendo sobre personas que parecen piadosas, suaves, humildes —“mansas ovejas”— pero cuyo interior es destructivo, manipulador o engañoso —“lobos feroces”. No se refiere a un grupo específico, sino a cualquier persona que use la apariencia religiosa para engañar.

Jesús dirige estas palabras a todos los que lo siguen, porque el peligro sigue siendo el mismo: personas que hablan en nombre de Dios, pero cuyo mensaje no refleja el carácter, la verdad ni el fruto del Reino. Hoy en día pueden ser predicadores, líderes espirituales, maestros carismáticos, personas que prometen revelaciones especiales, o incluso figuras que mezclan la Biblia con ideologías humanas. La advertencia es universal: no todo el que parece espiritual es confiable, y no todo el que habla de Dios viene de Dios. Jesús nos llama a discernir por los frutos: el carácter, la humildad, la obediencia, la verdad, la integridad, y la manera en que tratan a los demás. ‍

Sólo entrará el que obedezca a mi Padre que está en el cielo

Jesús está corrigiendo una idea muy común: no basta con decir “Señor, Señor” ni con tener información correcta sobre Él. La fe verdadera siempre produce obediencia. Pero esto no significa que la salvación dependa de obras, ni que la obediencia sea una condición para “ganarse” la entrada al Reino. Jesús está hablando de la diferencia entre una fe viva y una fe falsa. Creer en la muerte y resurrección de Jesús es esencial, pero creer nunca significa solo aceptar un hecho; significa confiar, rendirse, seguir, y someterse.

La fe auténtica siempre se expresa en obediencia, no perfecta, pero real. Los que desobedecen a Dios de manera constante, sin arrepentimiento, sin cambio, sin interés en Su voluntad, muestran que su fe nunca fue verdadera. Jesús no está diciendo que los que fallan o luchan con pecado no entrarán al Reino; está hablando de personas que tienen una fe solo de palabras, una fe que no transforma, una fe que no produce fruto bueno.

La obediencia no es el precio de la salvación, sino la evidencia de que la salvación realmente ha ocurrido. Por eso Jesús dice que no todo el que lo llama “Señor” entrará, sino el que hace la voluntad del Padre: no porque la obediencia salva, sino porque la obediencia revela quién realmente pertenece a Él. La fe que salva siempre cambia la vida, y la vida que no cambia revela que la fe nunca fue genuina.

Aplicación

1.      Cuando Jesús invita a pedir, buscar y llamar, ¿qué área de tu vida necesita volver a esa confianza perseverante en lugar de rendirse al cansancio, la duda o la resignación?

2.      Jesús dice que el camino estrecho es difícil y pocos lo encuentran. ¿Qué decisiones prácticas te están llamando a dejar el camino cómodo para caminar en una obediencia más sincera y menos superficial? ‍

3.      Jesús advierte que no basta con decir “Señor” ni con hacer obras religiosas; lo que importa es hacer la voluntad del Padre. ¿Qué aspecto de tu vida revela si tu fe es solo palabras o si realmente está produciendo fruto que honra a Dios?

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