La victoria de los judíos
El vuelco total de la orden de Amán
En el estudio anterior, tras la ejecución de Amán, el rey entregó sus propiedades a Ester, y ella le suplicó a su esposo que interviniera a favor de los judíos para evitar un genocidio. Jerjes otorgó a Mardoqueo la posición que antes había pertenecido a Amán y le pidió redactar un nuevo edicto. La orden que Mardoqueo escribió no anuló la primera, sino que concedió a los judíos el derecho de defenderse.
En este estudio, en un vuelco total, los judíos derrotaron a sus enemigos y luego celebraron Purim. Así comienza la historia: el día tan anticipado finalmente llegó, el día en que los enemigos atacarían y el pueblo de Dios se levantaría para defenderse.
Pero las cosas sucedieron al revés
Ester 9:1-4: Se suponía que el día 13 del mes 12, el mes de adar, la gente tenía que obedecer la primera orden del rey. Ese día los enemigos de los judíos esperaban derrotarlos, pero las cosas sucedieron al revés. Los judíos ahora eran más fuertes que sus enemigos. Los judíos se reunieron en sus ciudades en todas las provincias del rey Jerjes para atacar a las personas que querían destruirlos. Nadie fue lo suficientemente fuerte como para enfrentar a los judíos por el miedo que les tenían. Todos los funcionarios de las provincias, los virreyes, los gobernadores y los colaboradores del rey ayudaron a los judíos porque le tenían miedo a Mardoqueo. Mardoqueo se había convertido en un hombre muy importante en el palacio del rey y era reconocido en todas las provincias. Día a día, Mardoqueo se hacía cada vez más poderoso.
El antisemitismo
Después de todo lo que había pasado —la ejecución de Amán, el ascenso de Mardoqueo, el favor del rey, el temor general— parecería que nadie se atrevería a atacar a los judíos. Pero el texto revela que sí hubo quienes lo hicieron, y eso tiene una explicación.
Los que se atrevieron a atacar a los judíos eran los enemigos más obstinados, los que habían alimentado odio durante años. Los que se atrevieron a atacar eran los que no aceptaban el cambio, los que preferían aferrarse al odio antes que reconocer la justicia. No eran simples ciudadanos confundidos; eran personas que habían absorbido el espíritu de Amán, su resentimiento y su deseo de exterminar a los judíos: era el antisemitismo que todavía está vivo en el mundo.
El libro de Ester muestra que el antisemitismo no es solo político, sino moral y espiritual. El odio contra los judíos representaba la oposición al propósito de Dios. Por eso, aunque el miedo se había extendido, el mal no desaparece solo por temor; algunos siguen endurecidos. El texto dice que los judíos derrotaron a todos sus enemigos, lo que implica que hubo resistencia real, pero limitada: los ataques ocurrieron, y fueron contenidos.
En cada provincia había grupos que habían esperado ese día —el 13 del mes de Adar— como una oportunidad para vengarse. Aunque el decreto nuevo permitía a los judíos defenderse, el antiguo edicto seguía vigente, y eso daba a los enemigos una excusa legal para atacarlos. Algunos confiaban en que el rey no intervendría o que los judíos no serían capaces de resistir.
Los judíos eran más fuertes que sus enemigos
Los judíos eran una minoría, y sin embargo el texto dice que eran “más fuertes que sus enemigos”. Pero esa fuerza no se refiere solo a cantidad o poder militar; es una fuerza que combina autoridad, unidad y respaldo de Dios.
Después del nuevo decreto, los judíos ya no eran un grupo vulnerable. Tenían el apoyo del rey, el favor de Mardoqueo, y el respeto de los funcionarios locales. Muchos gobernadores, sátrapas y administradores ayudaron a los judíos porque temían a Mardoqueo y sabían que el poder real estaba de su lado. La fuerza de los judíos era política y moral: casi nadie quería oponerse a ellos porque hacerlo era oponerse al rey.
También había una fuerza interior. El pueblo había pasado del miedo a la esperanza, y eso cambia todo. Cuando una comunidad deja de sentirse condenada y empieza a creer que Dios está con ella, su ánimo se vuelve una fuerza real. Su reputación, su organización y su fe los hacían parecer invencibles, incluso siendo pocos.
Mardoqueo se hacía más poderoso
El texto dice que “Día a día, Mardoqueo se hacía cada vez más poderoso” porque su influencia crecía en varias dimensiones al mismo tiempo.
Mardoqueo se hacía más poderoso porque su autoridad estaba respaldada directamente por el rey. No era un funcionario cualquiera; era el segundo del reino, con el anillo real en su mano. Cada decreto que llevaba su sello tenía el peso de la corona. En el Imperio Persa, eso significaba que nadie podía ignorarlo sin arriesgar su vida o su posición. Su poder no era simbólico; era real, legal y visible.
También se hacía más poderoso porque su reputación crecía en todas las provincias. El texto dice que su fama se extendía y que su poder aumentaba. En un imperio tan grande, la fama de un hombre justo, sabio y favorecido por el rey corría rápido. Los gobernadores, sátrapas y oficiales locales empezaron a alinearse con él, no solo por temor, sino porque veían que su liderazgo traía estabilidad. Cuando los líderes regionales apoyan a alguien, ese alguien se vuelve más fuerte que cualquier ejército.
Además, su poder aumentaba porque el pueblo judío lo veía como un protector. Él no usó su posición para enriquecerse ni para vengarse, sino para salvar vidas. Ese tipo de liderazgo genera lealtad. Los judíos se organizaron, se unieron y actuaron con valentía porque confiaban en él.
Aún más importante, Mardoqueo se hacía más poderoso en un sentido espiritual. El libro de Ester muestra que Dios estaba revirtiendo la historia: el hombre que antes se sentaba a la puerta del palacio ahora era el hombre que dictaba decretos que salvaban naciones. Su poder no era solo político; era el hombre que Dios eligió para salvar a Su pueblo. Cada paso que daba mostraba que Dios estaba levantándolo para cumplir un propósito mayor.
Así continúa la historia con cómo los judíos se defendieron de sus enemigos.
Derrotaron con sus espadas a todos sus enemigos, matándolos y aniquilándolos
Ester 9:5-7, y 10: Los judíos derrotaron con sus espadas a todos sus enemigos, matándolos y aniquilándolos. Hicieron lo que quisieron con quienes los odiaban. Los judíos mataron y destruyeron 500 hombres en la ciudad capital de Susa. También mataron… a los diez hijos de Amán hijo de Hamedata y enemigo de los judíos. Los judíos mataron a todos esos hombres, pero no tomaron nada de lo que les pertenecía.
¿Dónde consiguieron espadas?
Los judíos del imperio persa no eran un pueblo desarmado. Aunque no tenían un ejército propio, sí existían judíos que servían en funciones administrativas, militares o de seguridad dentro de las provincias. En un imperio tan grande, era común que minorías étnicas participaran en la defensa local o en la administración de ciudades. Además, el decreto de Mardoqueo no solo les daba permiso para defenderse, sino que también implicaba que las autoridades locales no podían impedirles armarse. De hecho, el texto dice que muchos funcionarios los ayudaron; esta ayuda incluía acceso a armas, apoyo logístico y protección.
En el mundo antiguo las armas no eran difíciles de conseguir. Espadas, lanzas y dagas se fabricaban en cada ciudad, y los herreros trabajaban para cualquiera que pudiera pagar. Cuando el decreto cambió y los judíos pasaron de ser víctimas a tener respaldo legal, nadie se atrevía a negarles armas. Incluso es probable que algunos enemigos que habían planeado atacarlos perdieran la iniciativa y los judíos aprovecharan para tomar sus armas antes del día señalado.
La fuerza de los judíos no dependía solo de espadas, sino de cómo Dios trabajaba detrás de los bastidores. Las armas eran parte del cuadro, pero la victoria se explica más por la voluntad de Dios, la organización, y el respaldo político que por el número de espadas.
¿Qué quiere decir que los judíos hicieron lo que quisieron con los que los odiaban?
Cuando el texto dice que “los judíos hicieron lo que quisieron con los que los odiaban”, no está hablando de venganza. Está describiendo que, por primera vez, los judíos tenían libertad legal para defenderse sin restricciones. “Hacer lo que quisieron” significa que no estaban limitados ni impedidos por leyes, funcionarios o enemigos poderosos. Podían detener a quienes buscaban matarlos. No es abuso sino justicia defensiva en un día donde sus vidas estaban en juego.
El texto deja claro que no atacaron sino se defendieron. Solo actuaron contra quienes seguían comprometidos con el plan de Amán de destruirlos. Se defendieron de grupos violentos que, aun después de todo el escándalo, todavía querían exterminarlos. El libro subraya que no tomaron botín, lo cual muestra que su intención no era enriquecerse ni abusar del poder, sino protegerse.
El texto dice que el rey se enteró del número de muertos en Susa. Así continúa la historia con la conversación entre Jerjes y Ester, y lo que ella le pidió.
¿Qué más deseas? Dímelo y haré lo que me pidas
Ester 9:12-14, y 16: y [Jerjes] le dijo a la reina Ester:
—Los judíos mataron 500 hombres en Susa, incluyendo a los diez hijos de Amán. ¡Qué será lo que no han hecho en el resto de las provincias! ¿Qué más deseas? Dímelo y haré lo que me pidas.
Ester dijo:
—Si le parece bien al rey, le pido que conceda un día más para que los judíos en Susa hagan lo mismo que se hizo hoy. Permita que claven en estacas los cuerpos de los diez hijos de Amán.
Así que el rey hizo lo que Ester le pidió. Esa ley continuó durante un día más en Susa y los cuerpos de los hijos de Amán fueron clavados en estacas.
Al mismo tiempo, los judíos que vivían en las otras provincias también se reunieron para luchar por sus vidas. Se libraron de sus enemigos y mataron a 75 000 de ellos, pero no les quitaron nada de lo que les pertenecía.
¿El rey no le importa que sus ciudadanos se mueran?
El rey Jerjes no muestra preocupación por los quinientos muertos en Susa porque así era su carácter. Él no era un rey sensible ni moralmente atento al sufrimiento humano; era un gobernante político, impulsivo y centrado en mantener el control del imperio. Para él, lo importante no era cuántos murieron, sino que el orden se hubiera restablecido y que los enemigos del Estado hubieran sido neutralizados.
El libro de Ester lo presenta consistentemente como alguien que firma decretos sin pensar, cambia de opinión según quien le hable, y actúa movido por orgullo más que por empatía. Por eso no expresa inquietud por las muertes; simplemente no era un rey que pensara en esos términos.
En su mentalidad, los muertos eran personas que habían desafiado un decreto real y que habían intentado atacar a un pueblo ahora protegido por la corona. En ese contexto, Jerjes veía la situación como justicia imperial, no como una tragedia que requería compasión.
¿Por qué Ester quiere que cuelguen los cuerpos en estacas?
En cuanto a la petición de Ester de colgar en estacas los cuerpos de los diez hijos de Amán, a primera vista puede parecer cruel. Los hijos de Amán ya estaban muertos; Ester no pidió que los mataran, sino que sus cuerpos fueran expuestos públicamente. En Persia, colgar cuerpos en estacas era un acto político, no un acto de tortura. Era una declaración pública de que una familia poderosa había sido completamente desmantelada y que su amenaza había terminado. Ester sabía que el odio contra los judíos no había desaparecido y que los hijos de Amán, por su posición y su apellido, podían convertirse en símbolos de resistencia o en líderes de futuros ataques. Exponerlos era una forma de cortar cualquier intento de reorganizar la violencia. Muchos años antes, el rey David había permitido que los hijos de Saúl, nacidos de su concubina Rizpa, fueran colgados y expuestos a los elementos.
Ester tampoco actúa como una mujer movida por emociones personales, sino como una reina responsable de la seguridad de su pueblo en un imperio violento. Su decisión está alineada con la lógica política de la época, no con un deseo de crueldad. El libro de Ester utiliza este momento como una inversión literaria: Amán quiso colgar a Mardoqueo, pero finalmente son sus propios hijos quienes terminan expuestos. Es una forma de mostrar que la justicia de Dios revierte la maldad.
¿Cuántos judíos murieron ese día?
Aunque sus enemigos sí intentaron atacarlos, los judíos, gracias a Dios, lograron defenderse con éxito total. El capítulo repite varias veces que los judíos dominaron a quienes los odiaban, que nadie pudo resistirlos y que el temor de ellos cayó sobre todos los pueblos. Esto implica que, aunque hubo enfrentamientos, no hubo bajas entre los judíos.
El libro menciona números específicos de enemigos muertos: 500 en Susa, 300 más en Susa al día siguiente, y 75,000 en el resto de las provincias.Pero no registra ni un solo judío muerto. La salvación fue completa, la protección fue total y la victoria fue absoluta. Para el autor, esto demuestra que Dios no solo revirtió el decreto, sino que preservó la vida de su pueblo sin pérdidas.
La fiesta de Purim
Después de haber vivido meses de angustia, miedo, y una sentencia de muerte, los judíos experimentaron un vuelco total: de estar condenados pasaron a ser protegidos, y de llorar pasaron a celebrar. El texto dice que para celebrar Purim, se daban regalos. Dar regalos a los demás —especialmente comida— era una forma de expresar que la alegría no debía quedarse encerrada en una sola familia, sino compartirse. En un día donde antes esperaban morir, ahora podían dar, bendecir y extender generosidad. Los regalos simbolizan que la vida continúa, que Dios los preservó y que la comunidad se fortalece cuando se comparte la alegría. También aseguraban que incluso los pobres pudieran celebrar, porque nadie debía quedar excluido de la fiesta.
El hecho de que Purim todavía se celebre tiene un significado profundo. No es solo una tradición antigua; es un recordatorio vivo de que Dios sigue actuando en la historia incluso cuando no se menciona Su nombre. Purim celebra la fidelidad de Dios en tiempos donde parecía ausente, Su protección en un ambiente hostil, y la inversión completa de una historia que parecía perdida.
Para los judíos modernos, Purim es una declaración de identidad: “Seguimos aquí, a pesar de todos los Amán de la historia”. Es una fiesta que afirma que la oscuridad del antisemitismo no tiene la última palabra, que Dios opera incluso detrás de escenas políticas complicadas y que la alegría puede nacer de los momentos más amargos.
Purim también enseña algo universal: que la memoria es una forma de resistencia. Al recordar la salvación de Dios, el pueblo se mantiene unido, agradecido y consciente de que su historia no depende del poder humano, sino de la mano invisible que los ha sostenido generación tras generación. Celebrar Purim hoy es afirmar que la historia de Ester no es solo un evento del pasado, sino un testimonio continuo de esperanza, identidad y fe.
¿Jerjes y Ester vivieron felices para siempre?
Ester termina con una nota de triunfo y estabilidad, pero no con una historia de “vivieron felices para siempre” en el sentido romántico o emocional. El libro no describe cómo fue la vida de Jerjes y Ester después de los eventos del capítulo 10: el enfoque del libro no está en su matrimonio, sino en la preservación del pueblo de Dios.
Jerjes sigue siendo el mismo rey persa —poderoso, impulsivo y político—, y Ester continúa siendo reina, pero el texto no dice que haya amor, ni que su relación haya cambiado. Lo que sí muestra es que Mardoqueo prosperó, que el pueblo judío fue respetado y que la historia cerró con paz y honor. El final no es un cuento de hadas, sino una afirmación de propósito: Dios usó a Ester para salvar a su pueblo, y después de cumplir su misión, la historia se detiene ahí.
Así que, más que un “felices para siempre”, el libro termina con un “Dios cumplió su propósito”. Es un cierre sobrio, pero profundamente esperanzador: la justicia prevalece, la amenaza desaparece y la fe de una mujer cambia la historia de una nación.
Aplicación
1. ¿Qué te enseña este capítulo sobre la diferencia entre defenderse con justicia y actuar movido por venganza, y cómo puedes aplicar esa distinción en tus propias relaciones y decisiones?
2. Cuando Dios cambia una situación de dolor en alegría, ¿cómo puedes asegurarte de recordar Su fidelidad en lugar de volver al miedo o a la inseguridad del pasado?
3. El pueblo celebró Purim para no olvidar lo que Dios hizo por ellos; si tú tuvieras que establecer un “Purim personal”, ¿qué momento de tu vida recordarías como evidencia de la protección y la gracia de Dios?

