La transfiguración: Jesús con Moisés y Elías

La transfiguración: Jesús con Moisés y Elías

En el estudio anterior, Pedro confiesa que Jesús es el Mesías, pero poco después demuestra que aún no comprende que el Mesías debe sufrir y morir; después Jesús enseña que la verdadera vida se encuentra al entregar lo que más amamos a Él. En este estudio, veremos la Transfiguración: Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto y les permite ver su gloria divina, mientras Moisés y Elías aparecen conversando con Él.  

Así comienza el estudio con el momento de la Transfiguración.

Mateo 17:1-4: Seis días después, Jesús llevó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan a una montaña alta donde estaban solos. Allí, frente a ellos, Jesús se transformó. Su cara comenzó a brillar como el sol, y su ropa se volvió tan blanca como la luz. Entonces se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Jesús. Pedro le dijo a Jesús:

—Señor, qué bueno que estemos aquí. Si quieres hago tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Marcos 9:6: «Pedro no sabía lo que estaba diciendo porque él y los otros dos seguidores estaban muy asustados.»

Lucas 9:30-31: Entonces dos hombres hablaban con él; eran Moisés y Elías, que se veían también llenos de esplendor. Los dos hablaban de la muerte de Jesús, que iba a ocurrir en Jerusalén. 

Frente a ellos, Jesús se transformó

No sabemos con certeza cuál fue la montaña. Tradicionalmente, muchos cristianos identificaron el lugar con el Monte Tabor, pero numerosos eruditos modernos consideran más probable el Monte Hermón. La razón es que el episodio ocurre poco después de que Jesús estuvo en la región de Cesarea de Filipo, que se encuentra cerca del Hermón. Además, en tiempos de Jesús había una fortaleza en la cima del Tabor, lo que hace menos probable que fuera un lugar apartado para la experiencia descrita.

En cuanto a por qué Jesús llevó a los tres discípulos allí, los eruditos generalmente creen que el propósito principal fue la Transfiguración, una revelación especial de su gloria divina. Pedro acababa de confesar que Jesús era el Mesías, pero aún no entendía que el Mesías debía sufrir. La Transfiguración confirmó que, a pesar de la cruz que se avecinaba, Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios glorioso.

La palabra "transfiguración" significa literalmente "transformación de apariencia". Sin embargo, los eruditos bíblicos enfatizan que Jesús no se convirtió en algo diferente de lo que era. Más bien, por un breve momento, su gloria divina quedó visible ante Pedro, Jacobo y Juan.

Cuando Mateo dice:

«Su cara comenzó a brillar como el sol, y su ropa se volvió tan blanca como la luz» (Mateo 17:2),

La mayoría de los comentaristas entiende que los discípulos vieron una manifestación sobrenatural de la majestad de Jesús. Durante su vida terrenal, la gloria de Cristo estaba normalmente velada por su humanidad ordinaria. En la Transfiguración, ese velo se levantó parcialmente.

Muchos eruditos señalan que la escena recuerda a varios eventos del Antiguo Testamento: Moisés descendió del monte Sinaí con el rostro resplandeciente después de estar con Dios, y la gloria de Dios aparecía frecuentemente como una luz brillante o una nube resplandeciente. La diferencia es importante: Moisés reflejaba la gloria de Dios; Jesús irradiaba gloria desde sí mismo.

Además, la Transfiguración ocurre justo después de que Jesús anunció su sufrimiento y muerte. Los discípulos acababan de escuchar acerca de la cruz. Ahora Dios les permite ver quién es realmente Jesús: no es solamente un maestro o un profeta, sino el Hijo de Dios revestido de gloria celestial.

Por eso algunos comentaristas describen la Transfiguración como un adelanto de la gloria futura de Cristo, una ventana momentánea que permitió a los tres discípulos ver al Jesús glorificado que un día regresará en su reino. La gloria ya era suya; por unos instantes, los discípulos pudieron verla.

La Transfiguración ofrece un vistazo anticipado de la gloria futura, tanto de Cristo como del reino venidero. Sin embargo, el cuerpo glorificado de Jesús es único porque Él es el Hijo de Dios. Los creyentes no compartirán toda su gloria divina, pero sí recibirán cuerpos glorificados semejantes al suyo. Pablo escribe:

«Él transformará nuestro cuerpo humilde para que sea semejante a su cuerpo glorioso» (Filipenses 3:21).

Sin embargo, la Biblia nunca dice explícitamente que todos los creyentes brillarán exactamente como el rostro de Jesús en la Transfiguración. Lo que sí dice es que participarán de su gloria. De hecho, Jesús mismo afirmó:

«Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre» (Mateo 13:43).

Pedro, Santiago y Juan

Los eruditos observan que Pedro, Santiago y Juan formaban un círculo más íntimo dentro de los Doce. No porque fueran más importantes ante Dios, sino porque Jesús los escogió para presenciar ciertos acontecimientos especiales. Estos tres también estuvieron por la resurrección de la hija de Jairo.

Muchos comentaristas creen que Jesús los estaba preparando para un papel de liderazgo futuro en la iglesia. Pedro sería una figura clave entre los apóstoles, mientras que Santiago y Juan ocuparían lugares destacados en la iglesia primitiva.

También existe una razón relacionada con el contexto. Apenas unos días antes, Pedro había confesado que Jesús era el Mesías, pero luego había rechazado la idea de que el Mesías debía sufrir. Los tres discípulos necesitaban comprender mejor quién era realmente Jesús. La Transfiguración les permitió ver su gloria divina antes de verlo sufrir en la cruz. Según la Ley de Moisés, dos o tres testigos eran suficientes para confirmar un hecho importante. Al llevar a tres discípulos, Jesús estaba proporcionando testigos confiables de esta revelación extraordinaria.

Es interesante que los mismos tres discípulos que vieron la gloria de Jesús en la montaña también verían más tarde su profunda angustia en Getsemaní. Como dicen algunos comentaristas, Dios les permitió contemplar tanto la gloria del Hijo como el sufrimiento del Hijo, para que comprendieran que ambos formaban parte de la misión del Mesías.

Moisés y Elías

Respecto a Moisés y Elías, la mayoría de los comentaristas piensa que Jesús no subió específicamente a la montaña para "reunirse" con ellos, como si estuviera organizando un encuentro. Más bien, Dios permitió que aparecieran como parte de la revelación. Pero, ¿por qué precisamente Moisés y Elías? Moisés representaba la Ley y nadie encontró su cuerpo después de la muerte. Elías representaba los Profetas y no se murió, sino fue llevado al cielo en un carruaje de fuego. Juntos simbolizaban todo el Antiguo Testamento dando testimonio de Jesús.

Además, ambos tuvieron encuentros muy significativos con Dios en montañas, y ambos estaban asociados con la esperanza mesiánica de Israel. Su presencia mostraba que la Ley y los Profetas apuntaban a Cristo y encontraban su cumplimiento en Él.

Si quieres hago tres chozas

A primera vista, parece una sugerencia extraña, y de hecho los propios Evangelios indican que Pedro estaba abrumado por la experiencia. Marcos añade un detalle muy revelador:

« Pedro no sabía lo que estaba diciendo porque él y los otros dos seguidores estaban muy asustados.» (Marcos 9:6).

Es decir, Pedro no habla porque haya entendido perfectamente lo que está ocurriendo, sino porque está tratando de responder a una experiencia extraordinaria.

Los eruditos ofrecen varias explicaciones sobre por qué propone construir tres chozas:

Tal vez quería prolongar el momento. Pedro ve a Jesús glorificado junto a Moisés y Elías, una visión increíble para cualquier judío. Es posible que no quisiera que la experiencia terminara y sugiriera construir refugios para que permanecieran allí.

Podría estar pensando en la Fiesta de los Tabernáculos. Durante esa celebración los judíos vivían temporalmente en chozas para recordar la provisión de Dios en el desierto. Algunos estudiosos creen que Pedro asocia la gloria que está viendo con la llegada del reino mesiánico y reacciona con una imagen propia de esa fiesta.

Pedro quizás está poniendo a Jesús al mismo nivel que Moisés y Elías. Al ofrecer tres chozas, una para cada uno, parece tratar a los tres personajes de manera equivalente. Algunos comentaristas creen que la voz del Padre corrige precisamente esta idea.

El texto no nos dice explícitamente cómo los tres discípulos supieron que eran Moisés y Elías, por lo que los eruditos solo pueden ofrecer explicaciones razonables.

La explicación más común es que de alguna manera sobrenatural Dios les permitió reconocerlos. La Transfiguración fue una revelación divina extraordinaria, así que no sería difícil que Dios también les diera conocimiento de la identidad de Moisés y Elías.

Otros sugieren que los discípulos pudieron haber escuchado parte de la conversación. Lucas 9:30-31 indica que Moisés y Elías hablaban con Jesús sobre su partida en Jerusalén. Es posible que durante esa conversación se identificaran o que el contenido mismo permitiera reconocer quiénes eran.

Algunos comentaristas piensan que Pedro simplemente los reconoció al verlos, de manera similar a como en la resurrección los creyentes parecen mantener una identidad reconocible. Sin embargo, esta explicación tiene una dificultad obvia: Pedro no sabía cómo se veían Moisés o Elías.

Los dos hablaban de la muerte de Jesús

En realidad, la Transfiguración fue un momento glorioso, pero no fue una celebración superficial o una pausa para olvidarse de la cruz. Precisamente por eso resulta tan significativo que Moisés y Elías hablaran con Jesús acerca de su muerte. Hay un detalle interesante en Lucas. La palabra traducida como "muerte" es literalmente "éxodo" en griego. Muchos eruditos creen que esto es intencional. Así como Moisés condujo a Israel en el éxodo desde Egipto, Jesús estaba a punto de realizar un nuevo éxodo mediante su muerte y resurrección, liberando a las personas del pecado.

Para los discípulos, la cruz parecía una tragedia. Pero para Dios, era el centro de su plan de salvación. Por eso Moisés y Elías no aparecen para decir: "Evitemos la cruz". Más bien, hablan de lo que Jesús iba a cumplir en Jerusalén. Además, la conversación conecta el sufrimiento con la gloria. Justo después de que Jesús había anunciado su próxima muerte, Dios permite que los discípulos vean su gloria celestial. El mensaje parece ser: "La cruz viene primero, pero la gloria vendrá después."

Esto también ayuda a explicar por qué Pedro quería quedarse en la montaña. La gloria era maravillosa. ¿Quién querría bajar? Pero Jesús no había venido para permanecer en la montaña. Tenía que descender y dirigirse a Jerusalén.

Muchos comentaristas consideran que la Transfiguración fue un fortalecimiento para Jesús mismo antes de los sufrimientos que le esperaban. Moisés y Elías hablan con Él acerca de la misión que está por completar.

Así continúa el estudio, con las palabras de Dios y la reacción de los discípulos.

Este es mi Hijo amado con el que estoy muy contento. ¡Escúchenlo!

Mateo 17:5-9: Mientras Pedro hablaba, una nube brillante los envolvió y desde la nube se escuchó una voz que dijo: «Este es mi Hijo amado con el que estoy muy contento. ¡Escúchenlo!»

Cuando los seguidores oyeron esto, se asustaron tanto que cayeron al suelo. Entonces Jesús vino, los tocó y dijo:

—Levántense y no tengan miedo.

Los seguidores miraron para todos lados, pero ya no vieron a nadie, sólo a Jesús.

Cuando estaban bajando de la montaña, Jesús les ordenó:

—No le cuenten esto a nadie hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

Se asustaron tanto que cayeron al suelo

Pedro, Santiago y Juan se asustan porque no están experimentando simplemente un fenómeno sobrenatural impresionante. Están encontrándose con una manifestación directa de la presencia y autoridad de Dios. Dios interrumpe a Pedro y les dice: «Este es mi Hijo amado con el que estoy muy contento. ¡Escúchenlo!»

Para un judío del siglo I, esto evocaba inmediatamente experiencias del Antiguo Testamento. Cuando Dios se manifestó en el monte Sinaí, el pueblo tembló de miedo. La reacción habitual ante la presencia de Dios era reverencia, asombro y temor.

Los eruditos suelen distinguir entre el miedo común y el temor santo. Los discípulos no estaban simplemente asustados por el volumen de una voz. Estaban sobrecogidos por la realidad de que el Dios de Israel estaba confirmando públicamente la identidad de Jesús. Es una experiencia tan abrumadora que cayeron rostro en tierra. Esa era una reacción típica de personas que percibían estar ante la majestad de Dios.

Jesús, entendiendo perfectamente bien lo que sentían, se acerca, los toca y les dice:

«Levántense y no tengan miedo.»

La misma gloria que los hace caer de temor es seguida por la cercanía y ternura de Jesús. La Transfiguración muestra ambas realidades: la majestad divina de Cristo y su compasión hacia sus discípulos.

Si Dios y Jesús son uno, ¿cómo podría hablar de sí mismo?

La explicación es que Dios es uno en esencia, pero existe eternamente como tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso, cuando la voz dice:

«Este es mi Hijo amado con el que estoy muy contento. ¡Escúchenlo!»

no se entiende como que Jesús se está hablando a sí mismo, sino como que el Padre está hablando acerca del Hijo. Los teólogos suelen decir que en la Trinidad existe una relación real entre el Padre y el Hijo. El Padre ama al Hijo, el Hijo ama al Padre, y ambos comparten la misma naturaleza divina. Por eso Jesús puede decir cosas como:

«Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30)

y al mismo tiempo hablar con el Padre, obedecer al Padre y ser enviado por el Padre.

Desde una perspectiva humana parece extraño porque nosotros pensamos que si dos personas hablan, entonces deben ser dos seres distintos. Pero la doctrina trinitaria afirma algo más complejo: un solo Dios, tres personas distintas.

Por eso, en la transfiguración, los discípulos escuchan la voz del Padre identificando a Jesús como el Hijo amado y ordenándoles que lo escuchen. La escena tiene precisamente el propósito de mostrar que Jesús no es solamente un profeta más como Moisés o Elías, sino el Hijo único que posee una autoridad superior a ambos.

Muchos eruditos también destacan que la frase combina ecos de varios textos del Antiguo Testamento:

Así que la voz no está simplemente felicitando a Jesús. Está revelando a los discípulos quién es realmente Jesús y cuál debe ser su respuesta: escucharlo y seguirlo por encima de cualquier otra autoridad humana. Por eso Pedro propone hacer tres chozas para Jesús, Moisés y Elías, pero la voz del cielo corrige implícitamente esa idea: Moisés y Elías son importantes, pero solo Jesús es el Hijo amado; solo a Él deben escuchar.

Aplicación

1.     Cuando veo a Jesús transfigurado en gloria, ¿qué imagen tengo realmente de Él: la del Hijo amado de Dios o una versión de Jesús que se ajusta más a mis expectativas y deseos?

2.     Pedro quería quedarse en la montaña y construir chozas. ¿Hay momentos espirituales, comodidades o sueños personales a los que me aferro porque no quiero descender al camino difícil al que Jesús me está llamando?

3.     Dios dijo: «Este es mi Hijo amado... ¡Escúchenlo!». Entre todas las voces que influyen en mi vida, ¿en qué área estoy resistiéndome a entregarme porque sé lo que Jesús me está diciendo, pero me cuesta obedecerlo?

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