El faraón esclavizó a los hebreos e intentó exterminarlos

Tres planes fracasados para terminar con los hebreos

Acabamos de estudiar el primer libro de la biblia, Génesis. Leímos sobre la creación del mundo, la caída del hombre, y el plan de restauración de Dios a través de los tres patriarcas y sus familias. Vimos a Satanás intentar interferir con el plan de Dios y cómo el Señor triunfaba aun en las circunstancias más difíciles. Ahora comenzamos un nuevo estudio en el siguiente libro de la biblia, Éxodo, que narra la liberación del pueblo hebreo y su camino de regreso a la tierra prometida.

La familia de Jacob en Egipto

Cuando terminamos el libro de Génesis, José ya había fallecido. Antes de morir, hizo que su familia jurara que, cuando regresara algún día a la tierra prometida, llevarían sus huesos con ellos. Leímos cómo el faraón esclavizó a todos los egipcios durante los siete años de escasez, haciéndose dueño de todos y de todo, excepto de los sacerdotes de Egipto y de la familia de Jacob, quienes vivían en Gosén, la mejor parte de Egipto. Mientras los egipcios trabajaban por comida y techo, los descendientes de Jacob prosperaron y se multiplicaron hasta convertirse en un pueblo muy numeroso.

Pasaron los años y un nuevo faraón subió al trono. Así comienza nuestro estudio en Éxodo, con la proclamación de este nuevo rey.

El primer plan para reducir la población israelita

Éxodo 1:8-10: Luego llegó al poder de Egipto un nuevo rey que no sabía nada de José. Le dijo a su pueblo: «Hay muchos más israelitas que egipcios y además son poderosos. Hagamos un plan para evitar que sigan multiplicándose. Si no lo hacemos, en caso de que haya una guerra pueden unirse al enemigo, luchar contra nosotros, derrotarnos y escaparse de aquí».

No conozco a ningún José

El texto narra que este faraón no sabía nada de José, o quizás decidió ignorarlo. Seguramente existían papiros que registraban cómo el buen juicio de José —guiado por la mano de Dios— salvó a todos durante los siete años de hambruna; cuesta creer lo contrario. Sin embargo, el nuevo faraón fue dominado por el miedo que le provocaba ver a tantos israelitas.

Recordemos que, mientras casi todos los egipcios habían quedado sometidos como esclavos del faraón, los israelitas se multiplicaron y prosperaron. Dios los llevó a Egipto con el propósito de separarlos de otras culturas; en Canaán corrían el riesgo de casarse con los pueblos paganos, ansiosos por seducir a los israelitas a adorar dioses falsos.

En cambio, los egipcios —convencidos de su supuesta superioridad racial— jamás se casarían con los israelitas. Y eso era precisamente lo que Dios quería: dar a Su pueblo la oportunidad de multiplicarse y fortalecerse sin mezclarse con las naciones que los rodeaban.

Durante su tiempo en Gosén, los israelitas se convirtieron en un pueblo rico y numeroso. Por lo tanto, en caso de una guerra, podrían unirse a un enemigo y derrotar fácilmente a los egipcios, aunque no hay indicio alguno de que los israelitas fueran rebeldes. El faraón razonó que ellos no sentirían lealtad hacia Egipto, y por eso temía una posible rebelión.

El texto narra que los esclavizaron y los forzaron a realizar trabajos manuales: construir ciudades, fabricar adobes y ladrillos, y realizar todo tipo de labores en el campo. Los historiadores señalan que los hebreos no construyeron las pirámides, pues estas existían mucho antes de su esclavitud. La esclavitud de los israelitas era distinta a la que habían experimentado los egipcios: estos últimos recibían comida y techo como pago por su trabajo. Los israelitas, en cambio, no recibían nada; además de trabajar para los egipcios, debían buscar su propio alimento y refugiarse como pudieran.

¿Por qué no los mataron?

Si tenía tanto miedo de una rebelión de los israelitas, ¿por qué el faraón no exigió que sus soldados los exterminaran? Evidentemente, desde su perspectiva —considerándolos una raza inferior pero muy fuerte— quería aprovechar su fortaleza para beneficio propio en la construcción de diversas obras, y todo sin pagarles nada.

Ahora bien, si los hebreos eran tan numerosos y fuertes, ¿por qué no resistieron ni huyeron a otra región? Según Génesis 15:13–16, la esclavitud formaba parte del plan de Dios. Los eruditos bíblicos no concuerdan en cuánto tiempo pasó desde la llegada de la familia de Jacob a Egipto hasta que los egipcios los esclavizaron, pero el texto afirma que estuvieron un total de 430 años en Egipto, quizá entre 150 y 300 de esos años bajo esclavitud.

Para asegurarse de que los hebreos cumplieran todo lo que se les exigían, les pusieron capataces que los forzaban a trabajar todos los días de su vida, hasta la muerte. Trabajo sin descanso ni recompensa, generación tras generación. Por ser tan maltratados, surge la pregunta: ¿cómo no murieron todos en esclavitud? Así continúa la historia para descubrir la respuesta.

Más los maltrataban, más se multiplicaban

Éxodo 1:12-13: Pero, mientras más los maltrataban, más se multiplicaban. Entonces los egipcios comenzaron a alarmarse por el pueblo de Israel, por lo cual obligaron a los israelitas a trabajar duramente. 

El sufrimiento de los hebreos

Por la mano de Dios, el plan de Satanás de destruir al pueblo hebreo mediante la esclavitud tenía el efecto opuesto. A pesar de soportar una vida amarga y dura, los israelitas seguían dando a luz a bebés fuertes. Desde la perspectiva de los egipcios, incluso como esclavos seguían siendo una amenaza. Es comprensible que los israelitas se sintieran muy lejos de Dios y profundamente olvidados.

Al faraón no le agradaba que, a pesar de oprimirlos, el pueblo hebreo continuara creciendo. Un día llamó a las dos parteras hebreas, Sifrá y Fuvá, y les exigió algo perverso. Así continúa la historia con lo que les ordenó.

El segundo plan para deshacerse de los israelitas

Éxodo 1:16: —Cuando estén ayudando a las hebreas a dar a luz, fíjense en el sexo del bebé. Si es niño, mátenlo pero si es niña, déjenla vivir.

Si es niño, mátenlo

El plan de Satanás era exterminar a todos los israelitas para eliminar la posibilidad de la redención del mundo a través del Mesías. Lo que el faraón exigió a las parteras equivalía a matar a su propio pueblo, lo que habría significado el fin de los israelitas en una sola generación. No era un acto de magnanimidad permitir que las niñas vivieran; al contrario, formaba parte del plan para eliminarlos. Después de todo, ¿con quién se casarían si no quedaba ningún varón?

El faraón debía de estar desesperado. Si los exterminaba, ya no tendría esclavos para sus obras; pero si los dejaba vivir, temía que se multiplicaran aún más. Su mandato revela tanto su crueldad como su temor.

El papel de las parteras

Las parteras tenían miedo del faraón, pero temían aún más a Dios. Lo desobedecieron y le contaron que las mujeres hebreas eran tan fuertes que daban a luz antes de que ellas llegaran para atenderlas. Si hubieran obedecido al faraón, ninguna mujer las habría llamado y habrían dado a luz en secreto. El texto afirma que ambas parteras respetaban a Dios, y por obedecerlo a Él y no al faraón, Él las bendijo con una familia propia (algo inusual, pues muchas parteras ejercían este oficio precisamente porque no tenían hijos).

Mientras los israelitas seguían multiplicándose y fortaleciéndose, también crecía el miedo del faraón. Al darse cuenta de que las parteras no lo ayudarían, decidió cambiar de estrategia. Terminamos este primer estudio de Éxodo con el plan que el faraón ideó para exterminar a los hebreos.

El tercer plan para erradicar a los hebreos

Éxodo 1:22: Entonces el faraón dio esta orden a su pueblo:

—Lancen al río Nilo a todos los niños hebreos que nazcan, pero a las niñas déjenlas vivir.

Lancen al río Nilo a todos los niños hebreos

Como las parteras no estaban dispuestas a matar a los niños recién nacidos, el faraón ordenó a todos los egipcios buscar a los bebés hebreos, arrancarlos de los brazos de sus madres y arrojarlos al río Nilo. El texto no especifica cuántos niños fueron lanzados al río ni cuánto tiempo duró este mandato, pero es fácil imaginar que mataron cientos.

Imagina por un momento que tu vecino —a quien has conocido toda tu vida— entra en tu casa, por órdenes del faraón, poco después de dar a luz. Verifica que tu hijo es varón, te lo quita y camina directamente hacia el Nilo para ahogarlo… y no hay nada que puedas hacer.

Sin duda, las mujeres israelitas embarazadas intentaban esconderse como podían. Este dictamen del faraón sembró terror y odio entre los vecinos. Sin embargo, el hecho de que hubiera varios israelitas de la misma edad que Moisés demuestra que hubo egipcios que no estaban de acuerdo y desobedecieron la orden.

Más adelante hablaremos sobre el significado del Nilo, pero es notable que los egipcios lo adoraban como a un dios. En efecto, estaban arrojando a los niños hebreos a uno de sus propios dioses, creyendo que tenía el poder de impedir que los israelitas siguieran multiplicándose. Y fue precisamente en esta temporada de muerte y oscuridad cuando nació Moisés, bajo amenaza de exterminio, de manera similar a la época en que nació Jesús, nuestro Mesías.

En el próximo estudio conoceremos a Moisés y a sus dos madres.

Reflexión

1. ¿En qué áreas de tu vida sientes que Dios sigue obrando aun cuando las circunstancias parecen oscuras o injustas, como ocurrió con los israelitas en Egipto?

2. ¿Qué te enseña el valor de Sifrá y Fuvá sobre obedecer a Dios por encima de la presión social, el miedo o la autoridad humana?

3. ¿Cómo puedes cultivar una fe que confía en la protección y los propósitos de Dios incluso cuando no ves resultados inmediatos, como las madres hebreas que escondían a sus hijos?

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