Jesús sana a un endemoniado cuando sus discípulos no pueden

¿Qué hago con mis dudas?

En el estudio anterior, vimos la Transfiguración: Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto y les permite ver su gloria divina, mientras Moisés y Elías aparecen conversando con Él.  

En este estudio, inmediatamente después de la Transfiguración, los discípulos fracasan al intentar expulsar un demonio de un muchacho. Ante una gran multitud, el padre del joven implora la ayuda de Jesús, quien expulsa al demonio y libera al muchacho. Más tarde, los discípulos intentan comprender por qué ellos no pudieron hacerlo. Así comienza el estudio con una muchedumbre discutiendo con nueve de los discípulos y un padre desesperado por su hijo.

Estaban discutiendo con los maestros de la ley

Marcos 9:14-18: Cuando llegaron a donde estaban los otros seguidores, vieron que mucha gente los rodeaba y que estaban discutiendo con los maestros de la ley. Tan pronto la gente vio a Jesús, quedó muy sorprendida y todos corrieron a saludarlo.

Jesús les preguntó:

—¿Qué están discutiendo con ellos?

Uno de entre la multitud le respondió:

—Maestro, te he traído a mi hijo porque está atormentado por un espíritu que no lo deja hablar. Cuando se apodera de él, lo hace caer al suelo, escupe espuma por la boca, le rechinan los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus seguidores que expulsaran al espíritu, pero no pudieron.

Pero no pudieron

Jesús, Pedro, Santiago y Juan acaban de descender del monte donde ocurrió la Transfiguración. Al llegar, encuentran a los otros nueve discípulos rodeados por una multitud y discutiendo con los maestros de la ley: un padre había llevado a su hijo poseído por un espíritu maligno para que los discípulos lo expulsaran, pero ellos no habían podido hacerlo.

Muchos eruditos creen que los maestros de la ley estaban aprovechando ese fracaso para cuestionar o desacreditar a los discípulos y, por extensión, a Jesús. Si los seguidores de Jesús no podían expulsar al demonio, los escribas probablemente veían una oportunidad para poner en duda la autoridad y el poder que Jesús les había dado.

Por eso el contraste en el relato es muy marcado. En la montaña, Pedro, Santiago y Juan habían contemplado la gloria de Jesús. Al descender, se encuentran con la realidad del sufrimiento humano, el fracaso de los otros discípulos y la oposición de los líderes religiosos.

Marcos no explica explícitamente por qué se sorprendieron al ver a Jesús. Tal vez la multitud simplemente no esperaba verlo llegar en ese momento. Mientras los discípulos discutían con los maestros de la ley y lidiaban con el caso del muchacho endemoniado, la llegada de Jesús significaba que el principal maestro y obrador de milagros había regresado. Todos sabían que Él podía resolver el problema que los demás no habían podido resolver. O, quizás Jesús todavía reflejaba de alguna manera el impacto de la Transfiguración; sin embargo, Marcos no dice que Jesús estuviera brillando, así que esta explicación es posible, pero especulativa.

¿Por qué un niño y no un adulto?

La Biblia nunca explica por qué un demonio elegiría poseer a un niño en lugar de un adulto. Sin embargo, el padre dice que el espíritu había afectado al muchacho "desde la niñez" (Marcos 9:21). El énfasis del relato no está en por qué fue escogido el niño, sino en la gravedad y duración de su sufrimiento. El demonio había estado destruyendo su vida durante muchos años.

Muchos comentaristas también señalan que en los Evangelios, los demonios parecen buscar causar el mayor daño posible a las personas. Un niño es especialmente vulnerable y dependiente de otros, por lo que la posesión afectaba no solo al muchacho, sino también a toda su familia. El padre se presenta desesperado después de años de sufrimiento.

Les pedí a tus seguidores que expulsaran al espíritu, pero no pudieron.

El problema no era que los discípulos hubieran perdido un poder que Jesús les había "prestado" temporalmente. Jesús había dado a los Doce autoridad sobre los espíritus malignos, y ellos habían expulsado demonios con éxito. Nada en Marcos indica que Jesús les retirara esa autoridad.

Entonces, ¿por qué fracasaron?

Muchos comentaristas concluyen que el problema no era la falta de autoridad, sino la falta de dependencia de Dios. Es posible que los discípulos hubieran llegado a confiar en experiencias pasadas o en el hecho de tener autoridad delegada, en lugar de buscar activamente el poder de Dios mediante la oración. Los discípulos seguían teniendo la autoridad dada por Jesús. No fue que el Espíritu Santo los hubiera abandonado, sino que intentaron enfrentar una situación especialmente difícil sin la dependencia espiritual que Jesús esperaba de ellos.

Así continúa la historia con una reprenda de Jesús para sus discípulos.

Marcos 9:19-24: Cuando Jesús escuchó esto, dijo:

—¡Partida de incrédulos! ¿Cuánto tiempo más tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho.

Trajeron al muchacho. Cuando el espíritu vio a Jesús, hizo que el muchacho empezara a convulsionar. El muchacho cayó al suelo, dio muchas vueltas y echó espuma por la boca. Jesús le preguntó al papá:

—¿Cuánto tiempo ha estado así?

Él le respondió:

—Ha estado así desde que era niño. Muchas veces lo ha tirado al fuego o al agua para matarlo. Por favor, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.

Jesús le dijo:

—No digas: “Si puedes hacer algo”, todo es posible para el que cree.

Enseguida el papá del muchacho gritó muy fuerte:

—¡Creo, ayúdame a creer aun más!

¡Partida de incrédulos! ¿Cuánto tiempo más tendré que estar con ustedes?

La mayoría de los eruditos cree que Jesús se dirige estas palabras principalmente a sus discípulos, aunque sus palabras probablemente también incluyen a la multitud y a los maestros de la ley presentes.

Los discípulos habían recibido autoridad para expulsar demonios y ya lo habían hecho anteriormente, pero ahora han fracasado. El padre del muchacho también muestra una fe vacilante ("si puedes hacer algo..."), y los maestros de la ley están discutiendo en lugar de ayudar.

Hay un elemento de frustración y dolor, pero no de ira descontrolada. La frase recuerda expresiones similares de Dios y de los profetas en el Antiguo Testamento cuando confrontaban la incredulidad de Israel.

Cuando Jesús dice:

«¿Cuánto tiempo más tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?»

no parece estar rechazando a sus discípulos. Más bien, expresa tristeza porque, después de todo lo que han visto, todavía les cuesta confiar plenamente en Dios.

Muchos eruditos entienden estas palabras no como un estallido de enojo, sino como el lamento de Jesús ante la persistente falta de fe de las personas que lo rodean, incluso de aquellos que más cerca estaban de Él. Aun así, inmediatamente después dice: «Tráiganme al muchacho», mostrando que su respuesta a la incredulidad no es alejarse, sino actuar con compasión y poder.

Muchas veces lo ha tirado al fuego o al agua para matarlo

El demonio intenta matar al muchacho porque su naturaleza es destructiva. El relato no sugiere que esté preocupado por perder un lugar donde habitar; más bien muestra su deseo de causar el máximo daño posible a una persona creada por Dios. El objetivo principal de los demonios no es encontrar una vivienda cómoda, sino destruir todo lo que puedan de la obra de Dios. En Marcos 9, el padre dice que el espíritu arrojaba al muchacho al fuego y al agua para matarlo. Eso encaja con otras enseñanzas bíblicas sobre las fuerzas del mal. Jesús dice en Juan 10:10 que el ladrón (Satanás) viene para "robar, matar y destruir".

Es posible el demonio prefiera destruir al muchacho antes que conservar una morada estable en él. Los Evangelios nunca presentan a los demonios como seres racionales que siempre actúan en su propio interés. Más bien aparecen como enemigos de Dios impulsados por la maldad y la oposición a sus propósitos.

El demonio está tratando de hacer exactamente lo contrario de lo que Jesús hace. Mientras el espíritu busca destruir la vida del muchacho, Jesús viene a restaurarla. El contraste resalta la autoridad y la compasión de Cristo.

¡Creo, ayúdame a creer aun más!

El padre parece no entender plenamente lo que significa creer en Jesús, y eso es precisamente lo que hace que este relato sea tan humano y conmovedor.

Cuando le dice a Jesús:

«Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos»

parece estar poniendo en duda la capacidad de Jesús. Después de todo, los discípulos habían fracasado, y posiblemente él piensa: "Ya intenté una vez y no funcionó; tal vez ni siquiera Jesús pueda ayudar."

Por eso Jesús responde:

« No digas: “Si puedes hacer algo”, todo es posible para el que cree ».

Sin embargo, Jesús no exige una fe perfecta. El padre responde con una de las confesiones más honestas de toda la Biblia:

«¡Creo, ayuda mi incredulidad!» (Marcos 9:24).

Esta frase es una descripción muy realista de la fe humana. El padre sí cree, porque ha venido a buscar a Jesús. Pero también está cansado, confundido y lleno de dudas después de años viendo sufrir a su hijo. El relato no contrapone fe versus incredulidad total, sino fe mezclada con duda. El padre no es un ejemplo de fe perfecta como la del centurión en Mateo 8. Es un hombre desesperado cuyo corazón está dividido entre la esperanza y el temor. Y Jesús lo ayuda de todos modos.

Jesús no le dice: "Vuelve cuando tengas más fe." Jesús sana al muchacho después de escuchar esa confesión imperfecta. Eso sugiere que la fe que agrada a Dios no siempre es una confianza sin dudas, sino una confianza que corre hacia Jesús incluso mientras lucha con ellas. La oración del padre es la de alguien que quiere confiar más de lo que actualmente puede.

Así continúa la última sección del texto con la expulsión del demonio del niño.

Te ordeno que salgas de él

Marcos 9:25-29: Cuando Jesús vio que se estaba reuniendo mucha gente, reprendió al espíritu maligno:

—Espíritu que has vuelto sordo y mudo a este muchacho, te ordeno que salgas de él y no vuelvas a entrar nunca más.

El espíritu gritó, tiró al muchacho al suelo, lo hizo convulsionar otra vez y salió de él. El muchacho estaba tan agotado que parecía un cadáver. Unos decían que estaba muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano y lo ayudó a ponerse de pie. El muchacho se levantó sin problemas. Cuando Jesús entró en casa y estaba solo, sus seguidores le preguntaron en privado:

—¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?

Jesús les dijo:

—Esa clase de demonios sólo se pueden expulsar por medio de la oración.

¿Un reality show?

Jesús no estaba esperando deliberadamente para crear un espectáculo. Más bien, mientras hablaba con el padre, la multitud continuaba acercándose. Parecía que Jesús decidió actuar antes de que la situación se convirtiera en una exhibición pública aún mayor. En varios pasajes a través de los evangelios, Jesús intenta evitar el sensacionalismo y la fama basada únicamente en los milagros. Así, cuando ve que la multitud sigue creciendo, expulsa rápidamente al demonio.

La presencia de numerosos testigos tenía valor. Los discípulos habían fracasado, los maestros de la ley estaban discutiendo y la multitud observaba. Cuando Jesús libera al muchacho, queda públicamente demostrada la autoridad que los demás no habían podido ejercer.

Te ordeno que salgas de él y no vuelvas a entrar nunca más

Jesús está dando una orden específica para garantizar una liberación permanente del muchacho. No se trata simplemente de expulsar al demonio por un tiempo, sino de prohibirle cualquier regreso futuro.

El padre explicó que el muchacho había sufrido desde la niñez. Jesús no solo lo libera del sufrimiento presente; asegura que el demonio no volverá a atormentarlo. La restauración es completa.

Dicho esto, Marcos no está intentando enseñar una doctrina detallada sobre la frecuencia con que los demonios regresan. El énfasis del relato está en la autoridad absoluta de Jesús. El demonio no negocia, no discute y no puede volver porque Cristo se lo prohíbe. Esta frase es una demostración extraordinaria del poder de Jesús: no solo puede expulsar al espíritu, sino determinar definitivamente lo que ese espíritu podrá o no podrá hacer en el futuro.

Gritó, tiró al muchacho al suelo, lo hizo convulsionar otra vez

En los Evangelios, los demonios rara vez abandonan a una persona voluntariamente. Con frecuencia reconocen la autoridad de Jesús, pero la obedecen de mala gana. En varios relatos protestan, gritan o reaccionan con violencia antes de salir.

En este caso, es posible que la reacción extrema del demonio refleje que sabe que ha llegado el final de su dominio sobre el muchacho. Jesús no solo le ordena salir; le prohíbe regresar. El espíritu pierde por completo el control que había ejercido sobre el niño durante años. También es posible que el demonio intentara causar el mayor daño posible antes de abandonar a su víctima. Esto encajaría con el comportamiento destructivo que había mostrado anteriormente al arrojar al muchacho al fuego y al agua.

Lo interesante es que el demonio sí parece resistirse, pero nunca desafía con éxito a Jesús. No hay una lucha equilibrada entre dos fuerzas iguales. El relato muestra que el espíritu puede gritar, sacudir al muchacho y causar una última convulsión, pero cuando Jesús da la orden, la salida del demonio es inevitable. La escena anticipa la derrota definitiva del mal: el demonio puede resistirse, pero no puede permanecer. La autoridad de Jesús es absoluta.

¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?

Jesús no está enseñando necesariamente que existan categorías rígidas de demonios con distintos niveles de poder, aunque algunos intérpretes lo han entendido así. Más bien, Jesús está señalando que este caso requería una dependencia especialmente profunda de Dios.

La clave está en que los discípulos ya tenían autoridad para expulsar demonios y lo habían hecho antes. El problema no era la falta de autorización, sino la falta de dependencia. La oración representa la confianza en el poder de Dios en lugar de confiar en la propia experiencia, capacidades o éxitos pasados. Es como si Jesús les dijera: "Ustedes intentaron enfrentar esta situación con la autoridad que les di, pero olvidaron que esa autoridad nunca funciona separada de una relación viva de dependencia del Padre."

Por eso, la oración aquí no es vista como una fórmula mágica ni como una técnica especial para expulsar demonios. Es una expresión de humildad y confianza en Dios.

Aplicación

1.     El padre del muchacho le dijo a Jesús: «Creo; ¡ayuda mi incredulidad!». ¿En qué áreas de mi vida estoy luchando entre la fe y la duda, y cómo puedo presentar honestamente esa lucha ante Jesús?

2.     Los discípulos habían visto el poder de Dios obrar antes, pero esta vez fracasaron. ¿Hay situaciones en las que estoy confiando más en mis experiencias pasadas, capacidades o esfuerzos que en una dependencia diaria de Dios mediante la oración?

3.     Jesús mostró compasión tanto al muchacho como a su padre desesperado. ¿Hay alguna necesidad, dolor o carga que he dejado de llevar a Jesús porque he comenzado a pensar que mi situación es demasiado difícil o imposible de cambiar?

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