Samuel se despide ante el pueblo
El ultimo juez se despide y da una lección de historia
En el estudio anterior el nuevo rey Saúl reclutó a un ejército grande y derrotó a los amonitas, junto con su rey Najás, quien les había sacado el ojo derecho a todos los hombres de las tribus de Gad y Rubén. Por su victoria, Israel aceptó a Saúl como rey. En este estudio, Samuel se despedirá al pueblo, recordándoles cómo Dios lo rescató una y otra vez. Les suplicará mantenerse fieles a Él y los confrontará por haber pedido un rey para reemplazar a Dios.
Al comenzar la historia, todo Israel estaba reunido para la coronación oficial de Saúl. Recordamos que los hijos de Samuel eran corruptos, y Samuel quería dejar claro que él no era como ellos. Así comienza la historia con las preguntas retóricas que Samuel le hizo a Israel, para recordarles que nunca los engañó ni les robó.
Si he hecho algo malo, acúsenme ante el SEÑOR
I Samuel 12:1-4: Samuel le habló a todo Israel:
—He hecho todo lo que querían que hiciera. Les he nombrado un rey que los guíe. Ya estoy viejo y lleno de canas, pero mis hijos están aquí con ustedes. He sido su líder desde joven, aquí me tienen. Si he hecho algo malo, acúsenme ante el SEÑOR y ante su rey elegido. ¿Le robé a alguien su buey o su asno? ¿Le he hecho daño a alguien? ¿Alguna vez tomé dinero o un par de zapatos para hacer algo malo? Si he hecho alguna de esas cosas, la corregiré.
Los israelitas contestaron:
—¡No! Nunca nos hiciste nada malo; no nos engañaste ni nos robaste.
Nunca nos hiciste nada malo
Esta reprenda fue tanto para Israel como para los hijos de Samuel, a quienes él había nombrado jueces; eran más parecidos a Ofni y Finés que a su propio padre. Samuel sabía perfectamente que nunca había hecho nada malo, pero, por si alguien pensaba lo contrario, les dio la oportunidad de acusarlo públicamente, mostrándose justo una vez más.
El texto no indica qué papel tuvieron sus hijos después de la coronación de Saúl, pero ya no fueron jueces. Aun así, parece que Samuel deseaba que lo siguieran en su ejemplo, pues mencionó que ya era viejo, pero que sus hijos aún estaban allí. La corrupción de sus hijos fue una de las razones por las que el pueblo pidió un rey. Quizás con este discurso Samuel esperaba que sus hijos aprendieran de su ejemplo, o incluso que el pueblo los perdonara. Tal vez ya no había tanto enojo hacia ellos, porque Israel ahora tenía un rey, y jamás volverían a ser jueces.
Por alguna razón desconocida, Samuel no aprovechó la oportunidad para disculparse públicamente por el comportamiento de sus hijos. Con su despedida, quiso que el pueblo reconociera que él les había dado un modelo de conducta intachable que seguir, especialmente para el nuevo rey.
Una lección de historia
Samuel prosiguió, repasando algunas de las muchas veces que Dios había rescatado a su pueblo. Recordó cómo Jacob, después de años de dolor, finalmente se reunió con su hijo predilecto, José, y llevó a toda su familia a vivir a Egipto. El faraón les dio la mejor tierra del país, la región de Gosén. Pero con el paso de los años, nadie se acordó del antiguo gobernador de Egipto —aquel hebreo que había salvado a la nación— y un nuevo faraón esclavizó a los israelitas, obligándolos a trabajar para él y a construir ciudades dedicadas a dioses paganos.
Al terminar sus cuatrocientos treinta años en Egipto, el pueblo clamó a Dios, y Él les envió a Moisés y Aarón para sacarlos de la esclavitud. Aunque ya no eran esclavos, seguían con una mentalidad de esclavos: querían adorar a un becerro de oro y hasta regresar a Egipto. Por eso, toda esa generación fue condenada a morir en el desierto. Luego Dios mandó a Josué y a Caleb para guiarlos finalmente a la tierra prometida. Pero después de la muerte de Josué, el pueblo volvió a hacer lo que les parecía mejor, adorando ídolos y olvidándose por completo de Dios.
Samuel continuó, recordando las muchas veces en que Israel se había olvidado de Dios durante los últimos siglos, en el tiempo de los jueces. Mencionó a Débora, Gedeón, Jefté, y a él mismo, jueces que Dios levantó para rescatar al pueblo una y otra vez. En ese momento, los israelitas debieron haber sentido vergüenza: tantas ocasiones en que Dios los salvó, y tantas veces en que ellos lo rechazaron.
Samuel describió cómo abandonaron al Señor para servir a Baal y a Astarté, y cómo, ante la amenaza de los filisteos, le suplicaron a Dios que los ayudara a volver a Él para ser salvados. Luego les recordó que, cuando apareció la amenaza del rey Najás, en lugar de clamar a Dios, pidieron un rey humano para reemplazarlo. Así continúa la historia con la advertencia de Samuel.
Uds. son una bola de mimadas
I Samuel 12:12-15: Sin embargo, cuando vieron que Najás, rey de los amonitas, iba a atacarlos, dijeron: “¡Queremos un rey que nos gobierne!”, a pesar de que el SEÑOR su Dios ya era su rey. Ahora aquí tienen al rey que ustedes eligieron, el SEÑOR lo puso sobre ustedes. Deben temer y respetar al SEÑOR, servirle y no desobedecer los mandamientos del SEÑOR. No se vuelvan contra él. Ustedes y el rey que los gobierne obedezcan al SEÑOR su Dios para que él los rescate. Si no obedecen al SEÑOR, les irá mal. Si rechazan lo que el SEÑOR manda, él SEÑOR se volverá contra ustedes. ¡Con mano dura los destruirá a ustedes y a su rey!
Si no obedecen al SEÑOR, les irá mal
Con estos detalles, hasta podemos imaginar a Samuel imitando las quejas y exigencias del pueblo cuando pidieron un rey por miedo a Najás. Aun después de pecar al pedir un rey, Dios les prometió protegerlos si seguían obedeciéndolo y reconociéndolo como su verdadero Rey. Samuel les dio la clave para permanecer bajo Su protección: tanto ellos como su rey debían obedecer al Señor; de lo contrario, Dios los destruiría.
Parecía que Israel no entendía cuán grave había sido pedir un rey. Nunca tendrían un rey mejor que Dios mismo. Él iba a disciplinarlos para que comprendieran lo insensato de su petición. Pero surge la pregunta: si Dios no quería que tuvieran un rey, ¿por qué les concedió lo que pidieron? A veces Dios nos da lo que pedimos para disciplinarnos y enseñarnos que Su voluntad siempre es mejor que la nuestra.
Así continúa la historia con la ira de Dios por haber sido reemplazado como Rey.
Le pediré al SEÑOR que envíe truenos y lluvia
I Samuel 12:17-19: Ahora es el momento de cosechar el trigo. Le pediré al SEÑOR que envíe truenos y lluvia. Entonces sabrán que hicieron mal contra el SEÑOR al pedir un rey.
El mismo día que Samuel oró al SEÑOR, el SEÑOR envió truenos y lluvia, y el pueblo tuvo gran temor del SEÑOR y de Samuel. Todos le decían a Samuel:
—Pide al SEÑOR tu Dios por nosotros tus siervos. ¡No nos dejes morir! Hemos pecado mucho y ahora hemos pecado aun más al pedir un rey.
Truenos, lluvia, pecado y temor
Cuando Samuel mencionó que era tiempo de la cosecha del trigo, se refería a la estación seca del año. Para mostrar la desaprobación de Dios por haber pedido un rey, les anunció que pediría al Señor enviar truenos y lluvia—una señal imposible en esa temporada— con el riesgo real de destruir toda la cosecha. Samuel oró, y Dios envió truenos y lluvia; una vez más quedó claro que Dios siempre escuchaba y respondía a Samuel.
A pesar de la advertencia, el pueblo se asustó. Esto nos indica que no fueron truenos y lluvias comunes, sino una tormenta poderosa, cuyo estruendo y fuerza los golpeó con temor. Israel no aprendió la lección: habían pedido un rey, Dios los disciplinó, y en lugar de arrepentirse de corazón, simplemente se llenaron de miedo. Le rogaron a Samuel que intercediera por ellos, que pidiera a Dios que no los matara. Samuel los tranquilizó, asegurándoles que Dios no los destruiría. Luego continuó dándoles sus últimas instrucciones antes de dejarlos bajo el liderazgo de Saúl.
¡Los ídolos son sólo estatuas que no los pueden ayudar en nada!
I Samuel 12: 21-22, 24-25: ¡Los ídolos son sólo estatuas que no los pueden ayudar en nada! No los adoren, ellos no los pueden ayudar ni salvar. ¡No son nada! Sin embargo, el SEÑOR no abandonará a su pueblo. Al SEÑOR le agradó hacerlos su pueblo. Así que, por amor a su nombre, no los abandonará. Pero respeten al SEÑOR y sírvanle de todo corazón. ¡Recuerden todo lo maravilloso que hizo por ustedes! Si siguen tercos en hacer el mal, Dios los echará a ustedes y a su rey, como se echa el polvo al barrer.
No sigan tercos
Dios sabía que los corazones de Su pueblo tendían a alejarse de Él, a perseguir ídolos y a involucrarse en prácticas paganas. Samuel les recordó que los ídolos no pueden ayudar a nadie: no son más que estatuas de piedra, madera y metal. También les aseguró que Dios los amaba y no los abandonaría, pero que, si ellos lo abandonaban, Él los disciplinaría severamente.
Samuel no desaparecería de la historia, pero su papel cambiaría. Ya no sería el jefe de Israel, aunque seguiría siendo el mensajero de Dios y un ejemplo de hombre recto.
En el próximo estudio, los israelitas enfrentarán a su enemigo mortal: los filisteos.
Aplicación
1. Samuel les recordó que Dios nunca los abandonaría, aun cuando ellos sí lo abandonaron. ¿Qué historia personal necesitas volver a recordar para reconocer la fidelidad de Dios en tu vida, incluso en temporadas en que tú no fuiste fiel?
2. El pueblo pidió un rey para reemplazar a Dios, y Dios les mostró lo insensato de su decisión. ¿Hay alguna área en tu vida donde estás buscando seguridad, control o dirección en algo o alguien que no es Dios?
3. Samuel les aseguró que Dios no los destruiría, pero sí los disciplinaría si lo abandonaban. ¿Qué pasos concretos puedes tomar esta semana para mantener tu corazón sensible, obediente y alineado con Dios, en lugar de vivir movido por el miedo o la presión?

