¿Quién era Josué?

Pero yo y mi familia serviremos al Señor

Después de la muerte de Moisés, el diablo luchó con el arcángel Miguel por su cuerpo, pero Dios lo protegió. Entonces el Señor nombró a Josué como líder de los israelitas. Después del castigo de vagar por el desierto durante cuarenta años, Josué finalmente guio a esta nueva generación a conquistar las naciones de Canaán y a vivir en la tierra prometida.

Dios le prometió que, si le era leal, nunca lo abandonaría. Estaría con él dondequiera que fuera y lo ayudaría a derrotar a los pueblos de Canaán. Le aseguró que le hablaría directamente, como lo hacía con Moisés .

Al enterarse de la muerte de Moisés, los israelitas prometieron obedecer a Josué y seguir sus órdenes como lo hicieron con Moisés. Quizás la ironía de esa promesa fue que, muchas veces, no obedecieron a Moisés.

¿Quién era Josué?

Josué era un líder valiente, lleno de fe, pero a veces se olvidó de consultar a Dios. Sin embargo, siempre se arrepentía y regresaba a seguirlo fielmente. En este estudio vamos a repasar algunos momentos decisivos de su vida.

Mucho antes de ser líder, Moisés había enviado a Josué a espiar Canaán junto con Caleb y diez espías más, uno de cada tribu. Cuando regresaron, los diez espías informaron que, aunque la tierra era hermosa y fértil, los pueblos que la habitaban eran mucho más fuertes y hábiles que ellos, y que sus ciudades eran impenetrables. Su informe sembró temor en el corazón del pueblo.

Aunque Josué y Caleb vieron lo mismo que los demás espías, tenían una perspectiva completamente distinta. Josué creía de todo corazón que no hay nada imposible para Dios. Había sido testigo de muchos milagros: las plagas en Egipto, el cruce del mar Rojo a pie, la provisión diaria del maná; incluso más adelante vería cómo Dios detuvo el sol cuando se lo pidió. Josué y Caleb hablaron a la comunidad tratando de convencerlos de la verdad: que Dios estaba con ellos y que, como nada es imposible para Él, podían conquistar la tierra prometida. Así comienza la historia de quién era Josué, con lo que él y Caleb dijeron a los israelitas en su intento de persuadirlos de que, con Dios, lo imposible se vuelve posible.

No le tengan miedo a la gente de esa tierra

Números 14:8-9: Si el SEÑOR está satisfecho con nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la dará; es una tierra que rebosa de leche y de miel.  Así que no se rebelen contra el SEÑOR, y no le tengan miedo a la gente de esa tierra porque los derrotaremos fácilmente. Ellos no tienen quien los proteja, en cambio el SEÑOR está con nosotros, así que no hay que tenerle miedo a esa gente.

El SEÑOR está con nosotros

Pero la gente no quiso escuchar la verdad, y Josué apenas escapó de la muerte por lapidación. Por su fe en que Dios les entregaría la tierra, el Señor permitió que solo Josué y Caleb (y Eleazar) entraran en la tierra prometida; todos los demás de su generación murieron en el desierto. Josué, aunque fiel a Dios, tuvo que sufrir junto con los que fueron castigados, vagando por el desierto durante 40 años.

Perdona la vida de paganos

Cuando se cumplieron los 40 años de vagar por el desierto, llegó por fin el tan anticipado momento de cruzar el Jordán y comenzar la conquista de la tierra prometida. Josué envió a dos espías a Jericó, y con la información que le trajeron, planeó una estrategia militar.

Los espías encontraron a una prostituta llamada Rajab, quien los escondió y los protegió. Al regresar al campamento, le contaron a Josué todo lo que habían visto y cómo Rajab los había ayudado. Dios le había prometido a Josué que derrotarían a Jericó, haciendo que sus murallas se desmoronaran. Así continúa la historia con el momento en que Josué siguió las instrucciones de Dios para destruir la ciudad, pero salvó y perdonó a la familia de Rajab.

Sólo quedarán vivos Rajab y su familia

Josué 6:17, 23, 25: La ciudad y todo lo que hay en ella debe ser consagrado al SEÑOR para la destrucción. Sólo quedarán vivos Rajab, la prostituta, y todos los que están con ella en la casa, porque ella escondió a los mensajeros que enviamos. 

Así que los dos hombres que habían sido espías fueron y sacaron a Rajab, al papá, a la mamá, a los hermanos y a todos los parientes de ella y los pusieron afuera del campamento de Israel. Pero Josué les perdonó la vida a Rajab, la prostituta, y a todos sus parientes. Sus descendientes han vivido en Israel hasta hoy porque escondió a los mensajeros que Josué había enviado a espiar en Jericó.

La caída después de la victoria

Después de que los israelitas destruyeran tanto Jericó como Hai, las demás naciones comenzaron a temerles profundamente. Cinco de los reyes cananeos hicieron un pacto para formar un solo ejército con el propósito de acabar con los israelitas. Sin embargo, los habitantes de Gabaón, vecinos cercanos del campamento israelita, optaron por una estrategia poco común: rendirse en lugar de ser exterminados. Se disfrazaron con ropa vieja y llevaron pan duro y mohoso, como si hubieran caminado durante días. Al llegar al campamento, anunciaron que venían en paz y pidieron que los israelitas hicieran un pacto con ellos. Josué les preguntó quiénes eran y de dónde venían.

Los gabaonitas respondieron que provenían de un país muy lejano y que, desde allí, habían escuchado acerca de los israelitas y de su Dios. Como evidencia para respaldar su historia, mostraron el pan mohoso, los cueros de vino rotos y sus ropas y sandalias gastadas. Sin embargo, nunca dijeron con precisión de dónde venían. Los israelitas tampoco preguntaron por qué necesitarían hacer un pacto con ellos si realmente venían de fuera de Canaán. Así continúa la historia con el engaño de los gabaonitas y el gran error que cometió Josué al confiar únicamente en sus observaciones e inteligencia.

No buscaron instrucciones del SEÑOR

Josué 9:14-15: Así que los hombres de Israel examinaron algunas de esas provisiones, pero no buscaron instrucciones del SEÑOR. Entonces Josué pactó la paz con ellos. Él hizo un pacto con ellos de perdonarles la vida, y los líderes israelitas les hicieron un juramento, ratificándolo.

Las consecuencias de no consultar a Dios

Tres días después de que Josué y los israelitas hicieron un pacto con los gabaonitas, descubrieron que, en realidad, eran sus vecinos. De pronto, entendieron que ya no podían cumplir el mandamiento de Dios de eliminar a todos los pueblos que habitaban la tierra prometida. Josué, desconcertado, quiso comprender por qué los gabaonitas los habían engañado. Ellos respondieron que, al escuchar acerca de su Dios, sintieron un profundo temor de morir a manos de los israelitas, y prefirieron ofrecerse como esclavos antes que enfrentar la destrucción. Así continúa la historia con la decisión que Josué tomó respecto a los gabaonitas.

Leñadores y cargadores de agua

Josué 9:26-27: En efecto, Josué los rescató de manos de los mismos israelitas. No los mataron, pero ese día Josué los hizo leñadores y cargadores de agua para los israelitas y para el altar del SEÑOR en el lugar que Dios decidiera, como lo son hasta hoy.

Paz real

Después de muchas batallas victoriosas, Josué repartió gran parte de la tierra prometida entre las tribus, siguiendo las instrucciones que Moisés le había dejado. Por el momento, reinaba la paz, y por fin los israelitas podían descansar: trabajar sus propias tierras, formar familias, y adorar al único Dios. Aún quedaban pueblos enemigos por conquistar; una porción de Canaán no sería tomada hasta que David llegara a ser rey.

Al final de su vida, Josué reunió a los líderes del pueblo y los animó a permanecer fieles a Dios, cueste lo que cueste. Les advirtió que no debían asociarse con los pueblos paganos, ni casarse con ellos, ni siquiera mencionar los nombres de sus dioses. También les advirtió que, si dejaran de adorar al Señor y comenzaran a servir a dioses falsos, viviendo como sus enemigos, Dios ya no lucharía por ellos. No expulsaría a sus enemigos, sino que serían capturados por ellos.

Les recordó que provinieron de paganos, de Téraj, el padre de Abraham, y todos sus antepasados, la esclavitud, el éxodo, las batallas, y los milagros. Había visto la provisión y la mano de Dios, aun en los castigos y las plagas en el desierto. Confiaba plenamente en El Señor y quería que Israel siguiera su ejemplo después de su muerte. Así continua la historia con cómo Josué animó al pueblo a mantenerse fiel a Dios.

Decidan hoy a quien servirán

Josué 24:14-15: Entonces Josué le dijo a la gente:

—Así que ahora respeten al SEÑOR y sírvanle total y fielmente. Quiten de entre ustedes los dioses que sus antepasados adoraban al otro lado del río Éufrates y en Egipto, y sirvan al SEÑOR. Si no desean servir al SEÑOR, decidan hoy a quien servirán, ya sea a los dioses a los que sus antepasados servían al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra viven. Pero yo y mi familia serviremos al SEÑOR.

Pero yo y mi familia serviremos al SEÑOR

Como veremos en la próxima serie del libro de Jueces, casarse con las mujeres de Canaán, adorar a otros dioses y vivir como ellos fue precisamente lo que hicieron. Vieron la aparente libertad de los cananeos, que vivían como les daba la gana, sin la ley de Dios, y comenzaron a anhelar ser como ellos, con un rey humano que los protegiera en lugar del Rey de reyes. Pero en aquel momento, ante Josué y en la presencia de Dios, la multitud respondió que nunca abandonarían al Señor para servir a otros dioses. Reconocieron que fue Él quien los rescató y los ayudó a triunfar en la tierra prometida. Tal vez Josué no les creyó del todo, porque les dio la siguiente advertencia.

Advertencia final

Josué 24:19-20: Entonces Josué le dijo a la gente:

—Ustedes no podrán servir al SEÑOR, pues él es un Dios santo. Él es un Dios celoso. Él no perdonará sus rebeliones y sus pecados. Si ustedes abandonan al SEÑOR y sirven a dioses distintos, entonces él se volverá contra ustedes y les traerá desastres y los destruirá, aun cuando ya los ha hecho prósperos.

Indignados, el pueblo respondió con vehemencia que siempre servirían a Dios, y únicamente a Él. Pero Josué sabía que eso no era del todo cierto. Les exigió que quitaran los dioses que aún guardaban en secreto y volvieran únicamente al Señor. El hecho de que juraran seguir solo a Dios mientras algunos mantenían ídolos ocultos en el campamento revela que no serían fieles por completo.

Poco después de animar al pueblo, Josué murió a los 110 años. También murió Eleazar, el padre de Finés. El pueblo enterró los huesos de José. En el próximo estudio, comenzaremos una nueva época en la historia de Israel: una etapa marcada por la rebelión, la desobediencia y, finalmente, el clamor a Dios. Es la época de los jueces.

Aplicación

1. ¿Hay “dioses ocultos” en mi vida—valores, hábitos o deseos—que compiten con mi devoción a Dios, aunque públicamente afirme seguirle?

2. ¿Qué me impide entregarme completamente a Él?

3. Josué confrontó al pueblo con valentía, sabiendo que sus palabras revelarían verdades incómodas. ¿Estoy dispuesto(a) a escuchar y aceptar correcciones que me acerquen más a Dios, incluso si duelen?

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